Sergio Farrera: Mi relación con Mons. Felipe Aguirre Franco

Carlos Hiram Culebro S.

La primera vez que tuve un encuentro personal con Monseñor Felipe Aguirre ocurrió en el año de 1981, cuando él era Obispo Auxiliar de la Diócesis de Tuxtla y yo era un estudiante que contaba con 18 años de edad. El motivo fue la celebración del Primer Concurso de Coros Juveniles Navideños, organizado por la propia Diócesis.

En aquel tiempo empezaba a entusiasmarme el canto coral polifónico, luego de mi paso por la naciente Escuela de Música del Estado (hoy Facultad de Música de la UNICAH). Así que, al saber de dicho Concurso, quienes fuimos integrantes del coro escolar decidimos reunirnos nuevamente con el afán de participar, aunque con la incertidumbre de que nuestro repertorio de cantos polifónicos fuese competitivo ante los cantos populares a una voz que interpretarían los otros coros y que eran bien conocidos por el público.

El resultado favorable a nuestra interpretación me dio a entender que las personas responsables del veredicto apreciaban en realidad este tipo de canto y por ello tuve el deseo de conocerlos personalmente. Ahí dio inicio mi relación con Felipe Aguirre, de quien más tarde habría de saber que tenía formación académica dentro de la música y era el precursor del movimiento coral en Chiapas.

Desde entonces estuve atento de aquel personaje a quien empecé a admirar no sólo por la pasión que compartimos hacia el canto coral, sino también por el dinamismo que demostraba en las diversas actividades que emprendía, por su elevada manera de pensar que expresaba en sus intervenciones orales y, sobre todo, por su gran calidad humana que manifestaba en sus acciones y en el trato cotidiano.

Así pues, procuré acercarme más a él y tenerlo más presente en mi vida. Por lo que, llegada la ocasión, ¿Quién mejor que él para otorgarnos el sacramento del matrimonio a mi esposa y a mí?… ¿Quién mejor que él para darles la bendición a nuestras hijas recién nacidas?… ¿Quién mejor que él para atestiguar la renovación de nuestros votos matrimoniales al cumplir 25 años de casados?… ¿Quién mejor que él para guiar nuestras oraciones y confortarnos ante el féretro de mi padre?…

Hoy, con el juicio que nos obsequian las experiencias vividas y al hacer un recuento de estos acontecimientos, no puedo menos que expresar mi gran admiración y profunda gratitud al hombre que, sin pretenderlo, ha dejado marcada huella en mi existencia:

¡Gracias Monseñor Aguirre por estar en momentos tan significativos de mi vida!… ¡Gracias por demostrarme que se puede ser una persona de fe sin llegar al fanatismo!…y ¡Mil gracias por enseñarme que el canto es la mejor manera de comunicarse con Dios y rendirle alabanzas!

Dr. Arq. Sergio Farrera Gutiérrez

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