Marco Tulio Carrascosa
Mientras muchos estados compiten por atraer inversiones industriales y fortalecer su infraestructura, existe una inversión cuyo retorno es mucho más profundo y duradero: el deporte.
Invertir en deporte no significa únicamente construir canchas o entregar uniformes. Significa invertir en salud, educación, seguridad, disciplina, cohesión social y desarrollo económico. Cada niño que entra a una cancha es un joven que encuentra un propósito; cada torneo organizado representa una oportunidad para fortalecer el tejido social de nuestras comunidades.
En Chiapas, donde miles de niñas, niños y adolescentes enfrentan condiciones de vulnerabilidad, el deporte debe dejar de verse como una actividad complementaria para convertirse en una auténtica política pública de desarrollo.
El reciente surgimiento de Gilberto Mora, orgullosamente chiapaneco y considerado una de las mayores promesas del fútbol mexicano, demuestra que el talento existe. Su historia confirma que desde Chiapas pueden surgir deportistas capaces de competir al más alto nivel nacional e internacional cuando encuentran oportunidades, acompañamiento y formación adecuada.
Sin embargo, Gilberto Mora no debe convertirse en una excepción.
Debe convertirse en el primer referente de una nueva generación de futbolistas chiapanecos.
Para lograrlo es indispensable construir un modelo estatal que fomente el deporte desde la infancia, con visión de largo plazo y una verdadera coordinación institucional.
La Secretaría de Educación tiene un papel estratégico. La educación física no puede reducirse a una materia dentro del horario escolar; debe transformarse en una herramienta para descubrir talentos, fortalecer valores y promover estilos de vida saludables. Cada escuela pública y privada del estado puede convertirse en un semillero deportivo si cuenta con maestros capacitados, infraestructura adecuada y programas permanentes de competencia.
Al mismo tiempo, la Secretaría del Deporte debe consolidar una estrategia que vaya mucho más allá de organizar eventos aislados. Es necesario diseñar un calendario permanente de competencias municipales, regionales y estatales que permita identificar, desarrollar y proyectar a los mejores talentos.
El fútbol representa una oportunidad extraordinaria.
Organizar ligas escolares, torneos intermunicipales, copas regionales y encuentros estatales no solo mejora el nivel competitivo de los jóvenes, sino que fortalece la convivencia entre municipios, impulsa el turismo deportivo y genera una importante derrama económica para hoteles, restaurantes, comercios y servicios locales.
El deporte también es economía.
Cada campeonato moviliza familias, entrenadores, árbitros, transportistas, comercios y prestadores de servicios. En muchos países y estados, el turismo deportivo se ha convertido en una industria de enorme crecimiento que genera empleo y dinamiza las economías regionales.
Chiapas posee las condiciones para convertirse en un referente nacional en la organización de competencias deportivas. Cuenta con ciudades estratégicamente ubicadas, una población joven y una enorme pasión por el fútbol.
Lo que hace falta es visión.
También es momento de fortalecer la infraestructura deportiva existente. Muchas canchas requieren mantenimiento, iluminación, seguridad y equipamiento. Construir nuevos espacios deportivos es importante, pero rescatar los que ya existen puede tener un impacto inmediato en miles de jóvenes.
La prevención de la violencia también pasa por una cancha de fútbol.
Numerosos estudios han demostrado que la práctica deportiva fortalece habilidades como el trabajo en equipo, el liderazgo, la disciplina, la perseverancia y el respeto por las reglas. Son valores que trascienden el terreno de juego y contribuyen a formar mejores ciudadanos.
Chiapas necesita una estrategia integral donde participen el Gobierno del Estado, los municipios, las escuelas, las universidades, las empresas y la sociedad civil.
El deporte no debe entenderse como un gasto.
Debe asumirse como una inversión social de alto impacto.
Imaginar cientos de torneos infantiles, juveniles y universitarios desarrollándose durante todo el año en los 124 municipios del estado no es una utopía. Es una meta alcanzable si existe voluntad política, planeación y coordinación institucional.
Quizá entre esos miles de jóvenes se encuentre el próximo Gilberto Mora.
O quizá el siguiente futbolista chiapaneco que represente a México en una Copa del Mundo.
Pero incluso quienes no lleguen al profesionalismo habrán ganado algo igual de importante: salud, disciplina, amistades, autoestima, valores y un proyecto de vida.
Porque cuando una sociedad apuesta por el deporte, no solo forma atletas.
Forma ciudadanos.
Y esa, sin duda, es una de las inversiones más inteligentes que Chiapas puede hacer para construir un futuro con más oportunidades, mayor bienestar y un desarrollo verdaderamente sostenible.
Hasta mañana próxima… ✒️
