Rumando

Enrique Alfaro

* Llegar a los cuarenta años (I).

A Carlos Enrique Z. Cadena y Enrique Vázquez, quienes también cumplen años.

Escribió Valdemar Rojas que es persa , y no chino¬, el proverbio que reza: Un hombre no es completo si no ha tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro. Y agrega en la introducción de su libro Anecdotario municipal: “He procreado varios hijos, unos de mayoría y otros plurinominales, plantado muchos árboles y escritos muchos artículos (….) no había escrito un libro porque lo considero algo superior a mis fuerzas y capacidad; en realidad este anecdotario tampoco es un verdadero libro, pero puede pasar como tal y solo pido a Nuestro Señor que no todo me salga como aquel que, queriendo ser un hombre completo, al final le dijeron:

“El árbol que plantó
nació todo torcido,
el libro que escribió
fue un libro muy aburrido
y el hijo que engendró
fue un hijo de la chingada”.

En mi caso, al llegar a los cuarenta años, me siento obligado a hacer una reflexión de lo que he vivido y logrado.
He plantado varios árboles y ya algunos me causan problemas. La almendra del patio de mi casa insiste en crecer (pese a que creí “caparla”) y ahora hace pedazos la antena de la vecina.
Publiqué un libro sobre los ilustradores de la prensa chiapaneca y ha recibido buenos comentarios. Algunos familiares de los mencionados en el libro me han localizado para darme las gracias y proporcionarme mayor información. Creo sinceramente que alguno de los artistas aludidos merecen se les edite libros exclusivamente sobre su obra: Francisco José Nucamendi Danell, por ejemplo.
Tengo avanzada la investigación sobre los artistas que han ilustrado la prensa local desde mediados del siglo pasado a la fecha. Sin embargo, la falta de tiempo y recursos no me han permitido acabar el estudio para darle forma de un nuevo libro.
Algunos amigos me insisten en que debo publicar un libro de caricaturas políticas de mi autoría y creo que ya es justo y necesario.
Mis tentaciones, sin embargo, se dirigen a escribir una novela o cosa que se le parezca. Cuando hay ocasión, les cuento a mis amigos las historias que voy encontrando y acumulando. “Escríbelas antes de que lo hagamos nosotros” me han advertido y en eso estoy. Espero publicar algo antes de los 50 años, si Dios me lo permite.
Sobre la cuestión de engendrar, tengo varios hijos que han crecido como animalitos amarrados al refrigerador. No engordan pero comen mucho y se han apropiado de mi casa al grado de que tengo que pedirles permiso para ver la televisión o trabajar en la computadora.
Son unos verdaderos angelitos que logran se hinche mi corazón de felicidad… pero cuando están dormidos. Despiertos me producen otra clase de sentimientos que los reprimo luego de contar hasta diez.
Estos hijos de Enrique Alfaro son una chulada de escuincles que pareciera fueron mandados a la tierra para fastidiar al prójimo (ese, normalmente, soy yo). Tiene mucha razón mi hermano Hugo cuando dice que los hijos pequeños serían perfectos si tuvieran un apagador detrás de la nuca y pudiera uno desconectarlos por largos ratos.

¡Comparte la nota!