Enrique Alfaro
* López Obrador y mis alergias…
Dice mi amigo Arcadio Acevedo que me provoca alergia Andrés Manuel López Obrador, cuestión que trataré en las siguientes líneas. De entrada sostengo que no me considero antilopezobradorista, pero si su crítico.
Conozco el trabajo político de AMLO desde sus inicios en el Partido de la Revolución Democrática, instituto en el que milité por muchos años y del que fui integrante de su comité ejecutivo estatal.
Mi militancia inicial se dio en el Partido Mexicano de los Trabajadores que dirigieron Heberto Castillo, Eduardo Valle y Demetrio Vallejo, los dos primeros, dirigentes del movimiento estudiantil del 1968 y el último, dirigente ferrocarrilero. Los tres fueron presos políticos por combatir en la legalidad al PRI y sus gobiernos corruptos.
El PMT, junto con los partidos Socialista Unificado de México, Patriótico Revolucionario y otros, se fusionaron para darle vida al Partido Mexicano Socialista, instituto de muy corta existencia que participó en la elección de 1988, inicialmente con la candidatura a la presidencia de la república de Heberto Castillo, quién declinó finalmente por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que encabezaba el Frente Democrático Nacional.
El Partido Mexicano Socialista y la corriente democrática encabezada por el propio Cuauhtémoc y Porfirio Muñoz Ledo, se fusionaron para darle vida al actual Partido de la Revolución Democrática.
A finales de los ochenta, Andrés Manuel López Obrador, contendió por segunda ocasión a la gubernatura de Tabasco, ahora bajo las siglas de recién creado PRD y tras perder en elecciones fraudulentas, se convirtió en el líder estatal perredista. Desde esta posición AMLO destacó como un líder regional con la abierta simpatía y apoyo de Cuauhtémoc Cárdenas.
En 1996, ya consolidado, López Obrador contendió por la presidencia nacional del PRD contra Heberto Castillo y Amalia García.
Viví el proceso interno muy de cerca puesto que yo apoyaba al viejo Heberto Castillo, quién se distinguía por ser un critico permanente del cacicazgo de Cuauhtémoc. Efectivamente, Cárdenas Solórzano, mandaba en el PRD por encima de su dirigencia formal estatutaria.
El apoyo del aparato interno era más que obvio para AMLO, quién contaba con el visto bueno del tlatoani Cárdenas. Los cuadros y recursos del PRD se destinaron indebidamente en apoyo a López Obrador. En una competencia desleal, el tabasqueño se movió como pez en agua sirviéndose del “aparato” para conseguir la dirigencia nacional perredista.
Como era de esperarse, las elecciones de las que resultó amplio vencedor AMLO, resultó una verdadera asquerosidad. El desaseo predominó en todo el país y Chiapas no fue la excepción. Aparecieron resultados de casillas que nunca se habían instalado, se rellenaron muchas de estas, votaron la totalidad de los empadronados perredistas en zonas de difícil acceso, etcétera. Algunos lugares de influencia de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos, fueron usados para cometer un fraude innecesario y grosero. Las boletas estaban marcadas pero no se habían tomado la molestia de desprenderlas del folio, por ejemplo.
El fraude fue insultante por lo que los equipos de los candidatos perdedores esperaban que AMLO se deslindara de estas prácticas y censurara a quienes habían hecho “cochupo” para beneficiarlo. Los que creíamos que López Obrador era un demócrata nos quedamos esperando una declaración para condenar estas prácticas fraudulentas, declaración que nunca llegó.
AMLO no se interesó por limpiar el proceso interno del que resultó ganador y su actitud fue arrogante para con los candidatos vencidos. Desde entonces no creo en las virtudes democráticas de AMLO, quién como dirigente del PRD organizó las elecciones internas mas asquerosas que hayan existido. Recordemos ese episodio vergonzante, que cubrió de excremento a las dirigencias de las diversas tribus perredistas. El proceso interno para elegir al sustituto de Andrés Manuel se tuvo que anular y reorganizar con similares prácticas, pero más refinadas.
Existe el informe de una comisión de la verdad que encabezó Samuel del Villar en el que se puntualiza la gravedad de las irregularidades en la elección interna bajo el liderazgo del Andrés Manuel López Obrador, quién justificó lo sucedido.
Este es el López Obrador que yo conozco, el que no se distingue por sus cualidades democráticas sino por su liderazgo impetuoso. Para mi, AMLO no es, ni ha sido, un demócrata. Su relación con la asamblea de representantes cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal, era vergonzante. La mayoría perredista era enteramente sumisa a los mandatos de López Obrador, quién se regodeaba del trato grosero que se le daba a sus críticos en la asamblea legislativa del D.F. Pero… en fin, esta ya es otra historia y yo solamente quería contar el porqué no creo en Andrés Manuel López Obrador desde hace más de 10 años.
Enrique Alfaro
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