Rodríguez Zapatero, agenda común

Gabriel Székely

El presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, culminó ayer su visita a México al frente de un importante grupo empresarial. Los contactos entre los dos países se han ampliado para profundizar ahora una asociación estratégica en reconocimiento a la historia que los une, y las relaciones económicas que los ubican en un papel de importancia en las regiones respectivas donde operan. Si bien ambos han alcanzado logros relevantes en su desarrollo en las tres últimas décadas, España se distingue por haber dado el gran salto al que México todavía aspira y que es para muchos un modelo a seguir.
En México tenemos una fascinación por el futbol y la comida española, pero más llama la atención el progreso económico alcanzado en ese país en unas cuantas décadas, así como el desarrollo de sus instituciones democráticas.

La economía mexicana es dos tercios del tamaño de la española, pero con sus casi 109 millones de habitantes, México registra apenas un ingreso per cápita de 8 mil dólares comparado al de España, de 27 mil, con sus 45 millones de habitantes. Aun así, no nos paramos mal frente a esa nación europea, pues nuestro crecimiento económico es ligeramente mayor, la inflación en ambas economías es baja y México exporta al mundo productos con un valor 35% superior a los españoles.

En el ámbito bilateral, registramos un pequeño déficit comercial de 400 millones de dólares ante los casi 7 mil millones del comercio global. Las empresas mexicanas tienen en el país ibérico inversiones por mil 850 millones de dólares, frente a 17 mil millones de España en nuestro país. El último número de la revista Expansión sitúa a 13 empresas españolas entre las 250 más grandes en México, con ventas por 40 mil millones de dólares; seis de ellas se ubican en los sectores de la banca, las finanzas y los seguros, y otras destacan en telecomunicaciones y transporte.

Quizá la gran diferencia en el desarrollo alcanzado se pueda explicar por el índice de escolaridad promedio, que en España es el doble del de México con 17 años. Me refiero al impacto que esto tiene en los ámbitos social, cultural y político, en particular la manera en que lidió España con la transición de un régimen mucho más autoritario que el priísta a la democracia. En España se han vivido momentos de gran tensión y polarización, el más reciente durante la última elección que perdiera el Partido Popular, de derecha, por las políticas del presidente José María Aznar en apoyo a EU y las consecuencias del atentado terrorista en Madrid.

El gobierno del Partido Socialista Obrero Español determinó que hasta arriba de su agenda estaría el intento por la plena unidad nacional, en particular con el país vasco, pero las cosas no han salido bien y lo han llevado a una situación de cierta debilidad de cara a las elecciones que podrían tener lugar a principios de 2008. Mariano Rajoy ha capturado la imaginación del sector del electorado que prefiere la derecha, con un discurso crítico del gobierno que anticipa una fuerte lucha por el poder.

Para el presidente del gobierno español las diferencias de ideología no han sido obstáculo en su cercana relación con el Presidente de México. Reconoció su triunfo en la apretada elección de 2006, y ha tenido diversos gestos de apoyo y amistad que vislumbran qué tan importante es México para España en el concierto internacional. Los dos países actúan en coordinación en foros multilaterales, desde Naciones Unidas hasta la Cumbre Iberoamericana, y en los contactos que desarrolla México con la Unión Europea.

La promoción de los derechos humanos es un tema común, como lo ilustra la decisión del gobierno mexicano de acceder hace casi seis años a la solicitud de extradición del argentino Miguel Cavallo, responsable de 248 desapariciones y 128 secuestros durante la guerra sucia, por parte del juez español Baltasar Garzón. Ahora mismo se debate si envían a juicio a Cavallo a su propio país, donde se ha abrogado la ley que otorgaba amnistía a funcio-narios y militares.

Es mucho lo que comparten nuestros dos países, y aunque no se hagan anuncios espectaculares, estas visitas refrendan una buena relación entre dos potencias medianas a las que todo el mundo escucha.

Coordinador de asesores del secretario de Turismo

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