Beatriz Paredes
Desde hace varios años tengo la convicción de que el formato del Informe presidencial no corresponde a la realidad política del país, incluso, como diputada en la LVIII Legislatura presenté una iniciativa para modificarlo (06/08/2003). La ceremonia del Informe, como tradicionalmente se ha realizado —por usos y costumbres, y no porque así lo señale la ley— reveló durante mucho tiempo los perfiles de un presidencialismo exacerbado, y el culto a la personalidad del Presidente en turno caracterizaba al evento.
En la época del partido hegemónico, cuando el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos era Jefe de Estado, Jefe de Gobierno, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas y, además, líder real del partido abrumadoramente mayoritario en las Cámaras, el día de la Ceremonia del Informe, primero de septiembre, era considerado como el “Día del Presidente” y el boato cortesano y elogioso ante el titular del Poder Ejecutivo federal de la mayoría de los actores del escenario político y económico del país, y de muchos generadores de opinión, no se dejaba esperar. Excepcionales eran las voces críticas o discrepantes, apabulladas por un ambiente pletórico de exaltación a la tarea del Presidente, quien usaba el Informe para hacer anuncios o alegatos espectaculares y un somero relato de las principales acciones gubernamentales del periodo del que informaba. El Presidente era pues, la figura sacralizada, una vez más, en la “más alta tribuna” del país, y el Congreso de la Unión era, más que un Poder, el espacio escenográfico donde se desarrollaba el ritual.
Afirmo lo anterior con plena conciencia autocrítica, porque fui partícipe en esta etapa, y aunque intenté desempeñar mi rol de Presidente del Congreso con dignidad —1 de septiembre de 1979, Tercer Informe del Presidente José López Portillo— seguramente mi actuación no escapó al marco de referencia descrito anteriormente.
La situación empezó a cambiar en 1997, cuando el partido del Presidente dejó de tener la mayoría en el Congreso de la Unión y el diputado Porfirio Muñoz Ledo dio respuesta al Tercer Informe del Presidente Ernesto Zedillo. La ceremonia del Informe, de ritual protopresidencialista y oportunidad para el ejercicio cortesano de las élites del país y frustración impotente de las minorías contestatarias, se convirtió en un “encuentro” entre dos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo, atrapados por un formato y por una inercia que no se compadece de la nueva realidad.
Desde el Quinto Informe del Presidente Zedillo, cuya respuesta llevó a cabo el diputado panista Carlos Medina Plascencia, se presenta la nueva situación, y a partir de ese primero de septiembre, es más evidente la infuncionalidad e ineficacia del formato tradicional de la ceremonia, puesto que no se profundiza en un diálogo fructífero que permita al país comprender con mayor claridad la lógica y sentido de las acciones del Poder Ejecutivo en un lapso determinado, ni se logra proyectar a cabalidad las opiniones de un Congreso plural, cuyo Presidente está constreñido a dar una respuesta formal –un acuse de recibo elegantemente dicho o a intentar un discurso político, cuyos alcances pocas veces dejan satisfecho al conjunto del Congreso de la Unión.
Tuve el honor de fungir como Presidente del Congreso de la Unión en dos ocasiones, en esta nueva etapa. Pretendí ceñir mi comportamiento a un papel institucional, conciente de la jerarquía del Poder al que representé, gracias a la generosidad de los colegas diputados que me eligieron. Para mí, que soy amante del Poder Legislativo, no ha existido honor más relevante. Mis antecedentes parlamentarios me llevan a reafirmar que por el bien de la relación democrática entre ambos poderes y sobre todo, para que la sociedad mexicana esté verdaderamente informada a través de las instituciones de la democracia representativa, es necesario cambiar el formato del Informe, superando un ritual de culto al presidencialismo y construyendo las nuevas formas que la normalidad democrática y el pluralismo existente demandan. Las modificaciones deberán formar parte del conjunto de iniciativas que constituyen una propuesta integral y completa de Reforma del Estado que derivará en un replanteamiento de la relación entre los tres Poderes, y de ellos con la sociedad en general.
No se trata de legislar al vapor para soslayar una coyuntura. Se trata de concebir el nuevo arreglo Institucional que le dé vigencia al Estado Mexicano democrático, federalista y auténticamente representativo del siglo XXI.
Para obtener los textos de las respuestas de Beatriz Paredes a los Informes de Gobierno, los puede solicitar en la siguiente dirección: correo@beatrizparedes.org
Presidenta nacional del PRI
