Miguel González Alonso
· LA CULTURA PARA LA PROTECCIÓN A PERIODISTAS
Estar en la Universidad… sentirla a través de lo más importante que tiene: su materia prima; sus alumnos, aquellos que se forjan para servir a la sociedad, misma que contribuye para su formación profesional es para mi -debo confesar- una experiencia maravillosa. Estar en la Universidad y participar en este Foro de Opinión me; nos robustece como organización social, razón por la que agradezco me hayan convocado.
Estar en la Universidad en el marco de los festejos del Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión; ahora sí, un espacio para todos, me obliga a reflexionar en que lo más importante no es cumplir años, sino cumplirle a la sociedad… como hoy, al mando de Débora Iturbe Vargas, lo hace este poderoso organismo del Gobierno de Chiapas.
Estar en la Universidad y hablar ante su comunidad es oportunidad, compromiso y obligación, para repasar la historia misma, pero no necesariamente la misma historia expuesta en citas anteriores en la UNACh.
Estar en la Universidad me obliga a recordar aquél encuentro del día 17 de febrero del 2005, cuando en el auditorio de Humanidades encendí la vela de un pastel; en la fecha que la Ley Mordaza impuesta por un gobierno autoritario cumplía un año de haber sido aprobada por un Congreso sumiso, obediente, dócil, sometido y afeminado.
Estar en la Universidad me convoca a volver a invitar a que se me comprueben las acusaciones que se me hizo un asaltante a la razón, Carlos Marín, autor de un Manual de Periodismo, quien se opuso en su momento a cumplir con lo que establece la Ley de Imprenta, por considerarme un modesto periodista de provincia.
Tal vez les parezca un disco rayado pero… estar en la Universidad es ocasión grata para hablar de nuevos tiempos; de mordazas derrotadas… ¡Retiradas para siempre! del Código Penal; de cárceles sin periodistas presos por razones políticas; de un nuevo clima de libertad que, no logran ver los emisarios del pasado; aquellos que teniendo una responsabilidad histórica en los medios nacionales -no todos, aclaro- optaron por las dádivas y las prebendas a cambio de su silencio. O lo que es lo peor… quizá se callaron por el miedo de caer en manos del aparato de “procuración de Justicia” que se dedicó perseguir opositores de un régimen, y no, a quienes organizados como delincuentes oprobiosa e impunemente golpeaban a los chiapanecos.
A principios del 2006 fui invitado por un catedrático a charlar con uno de sus grupos. Ahí demostré que, contrario a lo que establece la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Chiapas, uno de los secretarios generales de la llamada Máxima Casa de Estudios había violentado las disposiciones legales que norman a la institución al ejercer el cargo sin ostentar título profesional alguno, así como que uno de sus antiguos catedráticos presentó documentación apócrifa de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla para impartir cátedras en la UNACh.
En esa memorable ocasión alerté a la comunidad sobre la conveniencia de no volver a aceptar imposiciones de autoridades ni maestros ajenos al perfil y la legalidad; a la honorabilidad que obligan al hombre para ostentar los cargos -en la universidad de todos- al demostrar documentalmente las fechorías de dos integrantes de una misma familia quienes no cumplieron ni en lo ético y lo profesional durante su paso por esta importante institución. Bajo Ese esquema, resulta irónico enunciar que se trabaja; que se existe: “por la conciencia de la necesidad de servir”.
Aprovecho esta ocasión para recordar que, las pruebas presentadas aquí en el 2005 y 2006, a la fecha, nadie ha podido refutarlas.
Ahora sí, si me lo permiten… vamos a comenzar.
México se ha convertido en una especie de paraíso para los ataques a los periodistas y los medios de comunicación. Hoy día, ocupamos el nada honroso segundo lugar a nivel mundial en este rubro, tan solo debajo de Irak país que sufre una oprobiosa ocupación militar del Imperio.
Si bien es cierto, en Chiapas, en lo que va de este siglo no han tenido lugar asesinatos de periodistas ¡Nadie! ¡Nadie! ¡Nadie! Puede hablar de un saldo blanco. Mientras en el Norte del país los poderes fácticos como el narcotráfico agobiaban a los comunicadores dándoles muerte, al igual que en: Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Veracruz, en Chiapas, desde las estructuras del poder se utilizaron toda clase de métodos de tortura moderna y medieval para someter a la prensa. ¡Vaya! hasta los hijos de los periodistas, contrario a lo que sucede hasta en las sangrientas mafias, pagaron “platos rotos” en esta feria sexenal del odio el rencor y la sinrazón.
Pocos son los que pueden caminar por calles y avenidas con la frente en alto tras el ultraje cometido en contra del noble pueblo que vio nacer a Belisario Domínguez Palencia, conscientes de que cumplieron con su papel y compromiso con la sociedad. Pocos…
Pero también en otros estados del país existen casos patéticos: en Sonora, por ejemplo, la poderosa Organización Editorial Mexicana decidió cerrar las puertas de un rotativo, alegando la “ausencia de condiciones para seguir operando”. ¿Quién ganó ahí? Los poderosos de la mafia o la sociedad que observó inerme el desmantelamiento de una trinchera para combatir al crimen organizado. Quiero entender que podemos coincidir en que, los primeros, triunfaron… pero se sentó un pésimo y grave precedente: Atacar a los medios se convirtió en sinónimo de clausura de periódicos.
A nivel federal conocidas las cifras de asesinatos y atentados contra medios de comunicación fue creada la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra Periodistas. La verdad, desde el anuncio de su fundación… pasó a ser una de las tantas puntadas y dislates del mandato de Vicente Fox.
Carece de Ley Orgánica, por lo tanto, es como de juguete y combatir a los poderosos que masacran a los comunicadores le resulta virtualmente imposible.
Eso sí, cuando se ataca o asesina a un colaborador de alguna televisora de las que poseen el duopolio en nuestro país (como sucedió con la muerte de Amado Ramírez Dillanes), esta dependencia se retuerce; acapara las primeras planas; suda la camiseta; desquita la quincena; atrapa inocentes… los involucra… luego los absuelve por “falta de méritos”. Pero eso sí, asegura que la impunidad será desterrada del territorio nacional, como vano recurso para contener la irritación e impotencia del gremio y de la colectividad. Paroles, paroles, paroles…
Pero no todo son malas noticias. La semana pasada durante la asamblea de la Asociación Mexicana de Editores (AME) el titular de la Procuraduría General de la República ofreció, ante la acometida de los empresarios de la comunicación reunidos en Playa del Carmen, Quintana Roo, que los delitos cometidos en contra de los periodistas habrán de federalizarse en breve. Es decir, serán investigados por la PGR.
OJO, esa interesante medida quizá no aplica como ejemplar; ni como visa de solución para la problemática que prevalece en la frontera Norte de nuestro país, en donde se acusa precisamente a elementos de la PGR de proteger las acciones de los narcotraficantes y de estar involucrados en muchos de los atentados que han sufrido los periodistas en esa región.
Al respecto, Chiapas, con la decisión del Ejecutivo de que fuera decapitada la Fiscalía General del Estado, primero, y con la creación del Ministerio de Justicia, que contempla la existencia de una fiscalía especializada para atender los asuntos que tienen que ver con los crímenes cometidos en contra de los periodistas y sus fuentes de trabajo se adelanta a la federación y se pone a la vanguardia en esta materia.
Estar en la Universidad, esta vez, debe ser ocasión para reconocer este significativo avance, en el que Chiapas, se adelanta, como sucedió en materia de despenalización con los delitos de Difamación y Calumnia en el Código Penal Federal.
Chiapas hoy tiene dentro de su estructura de procuración de justicia a la primera oficina del país para investigar ataques en contra de periodistas, con una Ley Orgánica y patrimonio propio, producto de una reciente reforma impulsada por el gobernador Juan Sabines al interior del Congreso local, cuya aprobación de la LXII Legislatura representa un verdadero avance, porque para desaparecerla: se requeriría de una compleja Reforma Constitucional.
Si los que hemos hecho huesos viejos en el periodismo; los universitarios, particularmente los estudiantes del Área de Humanidades y la comunidad nos unimos para impedir que desaparezca esta oficina que, al proteger al periodista; protege a la sociedad y su derecho a estar informada ¿Quién va a ser el valiente que buscará atentar en su contra?
Lo sucedido en Chiapas en el sexenio anterior, por inédito, mereció una arenga estatal, nacional e internacional en su contra. Es tiempo, ahora, de dar a conocer de manera masiva por lo inédita -también-y visionaria esta proyección del actual gobierno por inculcar la cultura de la protección a los periodistas.
De esa manera se privilegia el Derecho a la Información; se cumple con una vieja demanda de los comunicadores, pero sobre todo se evitará que al salir de las aulas ustedes; los nuevos periodistas, se conviertan en carne de cañón de gobiernos conducidos por enfermos mentales como sucedió en Chiapas del 2000 al 2006;… se evitará que peligren sus vidas. ¿Les parece poco?
Solo falta ver que la designación de la persona, quien quedará a cargo de tan importante encomienda sea la atinada. No para doblar campanas, sino para estar ciertos del que el espíritu de su creación obedece al reclamo gremial y no al ensanchamiento caprichoso de una nómina.
Señoras y señores: Estar en la Universidad… siempre… me seguirá resultando algo verdaderamente gratificante.
Y más aún cuando en espacios de la sociedad, como lo son: La Universidad Autónoma de Chiapas, la señal del Canal 10 y las frecuencias del Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión existe la apertura democrática para hacer comentarios como el que aquí les he expuesto.
Lo dicho, dicho está.
Pronunciamiento Del autor de Red Política durante su participación en la Biblioteca de la Universidad Autónoma de Chiapas el día 23 de octubre de 2007, durante el inicio de los festejos del aniversario del Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión.
