Recesión y elecciones

Jorge Montaño

Una percepción socorrida en la opinión pública internacional atribuye al gobierno de Estados Unidos una organización por demás efectiva, capaz de anticipar con soluciones prácticas cualquier problema que se presente. Esta versión inexacta presume la existencia de una prospectiva perfecta, que al realizarse cotidianamente impide decisiones precipitadas e ineficaces. Cuando se tiene acceso al proceso real de toma de decisiones, el observador extranjero encuentra con desaliento una situación completamente diferente.
La improvisación constante ante hechos consumados se alimenta con información incompleta, frecuentemente infundada, que conduce a actuaciones equivocadas. Eso explica la tendencia esquemática que tienen autoridades y ciudadanos de ese país para entender su papel en el mundo.

La larga precampaña y lo ocurrido desde que iniciaron formalmente las contiendas primarias de selección de candidatos han mostrado precisamente esta arraigada proclividad por distorsionar la realidad externa. Durante meses, los aspirantes parecían estar extrañamente obsesionados por un tema de política exterior como son las guerras en Afganistán e Irak. Lejos de la reflexión geopolítica de largo alcance, el debate se reduce únicamente al retiro o permanencia de tropas. La crisis paquistaní magnificada por el asesinato de Bhutto despertó atracción por fórmulas mágicas suficientes para que la gran potencia se aleje sin perder el control. Las recientes noticias medianamente positivas desde Bagdad, sumadas al periplo de Bush por los países árabes, crearon una atmósfera de alivio que facilitó concebir la ilusión de una tregua que eventualmente conduzca a las premisas señaladas, es decir, el retiro gradual mientras los aliados asumen las crisis cotidianas.

Lo extraño de esta agenda es que, igual que nuestras autoridades hacendarias, los precandidatos se negaban a aceptar que todos los análisis apuntaban al inicio de un proceso acelerado de recesión. Los indicadores de diciembre materializaron lo confirmado en vivo por los comerciantes. El consumo en la época navideña se abatió a niveles históricos y, sin embargo, fue hasta el pasado lunes negro cuando los mercados internacionales dejaron de aceptar la ficción estadounidense, obligando a los aspirantes a incluir el tema económico en su radar. Este cambio ha generado una modificación sustancial en el discurso, ofreciendo fórmulas de salvación a lo que apunta como una crisis mundial sin precedentes desde la Segunda Guerra.

El inevitable decantamiento de los procesos ya concluidos ha generado el retiro de candidatos que se consideraban con buenas posibilidades como Fred Thompson o el desgaste de otros que fueron eficaces para crear expectativas hasta que los alcanzó la realidad. El ejemplo más elocuente de esto último es Giuliani, quien logró la inserción mediática con el recuerdo de su actuación después del ataque terrorista a Nueva York, pero que hasta hoy no ha aportado ningún elemento de interés. Adicionalmente, ha cometido el error de encapsular su campaña en estados grandes, mientras sus contrincantes han obtenido visibilidad nacional en las primarias que él consideró poco significativas. Este pecado de vanidad lo han capitalizado los tres sobrevivientes del Partido Republicano.

El factor experiencia sigue constituyendo la variable más relevante. Es justo decir que las soluciones presentadas por la media docena de aspirantes en ambos partidos son claramente insuficientes, frente a un electorado que ya descubrió que el desfalco de las hipotecas de riesgo afecta sus bolsillos. Sin embargo, está claro que Romney y Clinton tienen mayores posibilidades de capitalizar el cambio drástico de preocupaciones ciudadanas, que hicieron a un lado la atención del quehacer externo para concentrarse en la supervivencia.

La encuesta de The Washington Post confirmó que 46% de los votantes demócratas considera que la senadora tiene las capacidades para manejar la economía, 13 puntos delante de Obama. Esto explica el retorno de Bill Clinton a la campaña, utilizando un discurso agresivo contra el senador, a quien define como un soñador inmaduro, incapaz de enfrentar los desafíos que presenta el mundo. De inmediato, Romney le recordó al electorado sus exitosos años en el sector privado. Los otros contendientes tendrán que buscar fórmulas de acercamiento con los electores asediados por su futuro inmediato. El resurgimiento de McCain continúa consolidándose e incluso las encuestas señalan que en una elección contra Hillary ganaría cómodamente o empataría con Obama, datos que confirman la volatilidad e incertidumbre que supone el camino hacia la Casa Blanca.

montesco98@yahoo.com

Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

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