Rubén Aguilar Valenzuela
Se puede o no estar de acuerdo con la línea editorial de Radio Caracas Televisión (RCTV). Ese es un tema de discusión. Lo que no se puede admitir es que arbitrariamente el poder, ahora el presidente Hugo Chávez, suspenda la concesión de una televisora y se apropie de sus bienes sólo porque es crítica al gobierno.
El presidente Chávez no tiene ninguna razón jurídica y tampoco moral para cancelar la concesión de la más antigua televisora de Venezuela, también la de mayor audiencia, que fue fundada en 1953. La RCTV no ha violado ninguna ley. Se atrevió, ahí su falta, a transmitir lo que piensa y a no someterse a la voluntad del presidente Chávez. No hay más.
Él no ignora el desprestigio nacional e internacional que conlleva su decisión. Ha medido los costos. Los paga por dos razones: a) en su estrategia de perpetuarse en el poder le resulta indispensable acallar al único medio crítico a su gobierno con cobertura nacional; b) envía un mensaje contundente a los medios que ya controla. Conservan su negocio si siguen sometidos a su voluntad. De otra manera, ya saben a qué atenerse.
La clausura a la libertad de expresión es una medida estratégica en el proyecto del presidente Chávez. Las pasadas elecciones mostraron que 60% de la población lo apoya. El otro 40% lo rechaza. Sin medios que puedan criticar al gobierno y abrir espacios a los opositores la lucha de éstos se hará más difícil y su presencia tenderá a desparecer o por lo menos a reducirse. Esa es la apuesta del presidente Chávez. El éxito no está garantizado, pero tiene muchas posibilidades.
Las televisoras y las radios ya no darán lugar más que al discurso, grotesco las más de las veces, de Chávez. El pensamiento único campea ahora en los medios electrónicos venezolanos. Sólo existe la imagen y la voz del presidente Chávez. Esa es la consecuencia del cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV). De esa dimensión es lo que ha sucedido. No se puede ignorar. En México sabemos muy bien lo que eso significa.
La media resulta estratégica para implantar el estilo de gobierno unipersonal del presidente Chávez. No hay lugar para la democracia. En Venezuela no ha habido ni hay una revolución. Existe sólo en la imaginación de Chávez. Él llegó al poder por la vía del voto. Lo intentó antes por la del golpe de Estado. Desde el poder ganado en las urnas, no por las armas, cancela las posibilidades de la democracia.
El venezolano Teodoro Petkoff, guerrillero en los 70 y director del diario Tal Cual de Caracas, ha caracterizado al gobierno de Chávez como de neototalitario. La caracterización es correcta. Al totalitarismo del presidente Chávez se añaden, son cada vez más, claros rasgos facistoides.
Se engañan los medios electrónicos que ahora guardan silencio en Venezuela. Siguen ellos. El neototalitarismo del presidente Chávez, que él llama socialismo del siglo XXI, exige, más temprano que tarde, el sometimiento de todos. No denunciar el golpe a la libertad de prensa en Venezuela es convertirse en cómplice de aquel que la violenta. Quien calla otorga.
ruben.aguilarv@gmail.com
Analista político
