Durante muchos años, Pantelhó fue sinónimo de abandono, marginación y dolor social, tan es así, que es uno lo de los lugares donde floreció el Ejército Zapatista (EZLN), La falta de atención institucional permitió que crecieran las carencias, la desconfianza y el rezago en infraestructura, salud y desarrollo comunitario.
Sin embargo, hoy comienza a construirse una narrativa distinta, una que apuesta por la reconciliación social y el bienestar colectivo, recuerdo bien, como Mirele Rocatti de la CNDH y la Cruz Roja Internacional, acudieron a este municipio, nosotros como medios también y vimos a una artista de Televisa, bella por cierto, con Marcos, sin capucha, lo vimos y no pudimos tomar fotos de su rostro.
Las acciones emprendidas recientemente en este lugar indígena, por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, representan mucho más que simples obras públicas. Se trata de una estrategia integral que busca transformar la vida cotidiana de la gente, devolver la presencia del Estado y abrir oportunidades para sectores históricamente invisibilizados.
Pero si decimos Pantelhó, estamos hablando que se está ejerciendo en cada uno de los municipios con presencia indígena, por lo menos, los que son realmente, puesto que en los 124 municipios, hay indígenas desplazados o que vieron opciones de desarrollo económico, entre ellos Tuxtla Gutiérrez.
Pues bien, cuando una comunidad recibe caminos dignos, programas sociales, atención médica y acompañamiento institucional, también recupera la confianza en el futuro, futuro cercano y lejano, por los niños que no votan, pero que merecen ser atendidos y los ancianos que merecen una muerte o final digno.
Pantelhó necesita estabilidad, inversión y continuidad en las políticas públicas. Ningún cambio verdadero ocurre de la noche a la mañana, pero sí existen señales claras de avance cuando las comunidades comienzan a notar resultados concretos. La atención prioritaria hacia los pueblos indígenas y las zonas de alta marginación no debe entenderse como un acto de asistencia temporal, sino como una obligación histórica que por décadas fue ignorada.
Hoy, el reto más importante es consolidar esta nueva etapa con participación ciudadana, transparencia y vigilancia social. Las autoridades deben mantener cercanía con la población y garantizar que cada acción llegue realmente a quienes más lo necesitan. Al mismo tiempo, la sociedad tiene la responsabilidad de cuidar los espacios recuperados y fortalecer el tejido comunitario.
Pantelhó puede convertirse en ejemplo de que sí es posible cambiar el rumbo cuando existe voluntad política y compromiso social. El verdadero desarrollo no solo se mide en cemento o cifras presupuestales, sino en la tranquilidad de las familias, en la esperanza de los jóvenes y en la dignidad recuperada de un pueblo que durante mucho tiempo permaneció olvidado.
Lo dicho y hecho por Eduardo Ramírez, es un presente que merece atención y que merece ser reconocido, es momento de sumarse, de unirse por un mejor estado, por una mejor condición para todos, sin excepción; nadie es más, ni nadie es menos, Chiapas es solo uno.
7 de Junio
La libertad de expresión no tiene dueño, es de todos; y esta se presenta de muchas formas, no tiene patrón ni es propiedad de los que estamos en los medios de comunicación, eso sería una estupidez reconocerlo como tal, pues más bien, nace con las palabras del paladín chiapaneco, el doctor Belisario Domínguez Palencia.
Subrayo que en estos tiempos donde la polarización intenta dividir incluso el derecho a opinar, vale la pena recordar el verdadero papel del periodismo en una sociedad democrática. El periodista no es dueño de la verdad, tampoco juez absoluto de las ideas ajenas.
Su responsabilidad es abrir espacios, documentar los hechos y permitir que las distintas voces encuentren un camino para ser escuchadas, pero tampoco es quien decide a quien le da voz o a quien enmudece.
Con motivo del Día de la Libertad de Expresión, que se conmemora cada 7 de junio en México, es importante reflexionar sobre una idea equivocada que se repite constantemente: creer que un comunicador “da voz” a las personas. Nadie otorga la voz a nadie. La voz ya existe en cada ciudadano, en cada comunidad, en cada sector social que tiene algo que decir, denunciar, proponer o defender.
El periodismo serio no fabrica opiniones; las visibiliza, se convierte en un puente entre la sociedad y los temas que muchas veces permanecen ocultos. Cuando un medio publica una denuncia ciudadana, una inconformidad social o una postura política, no significa necesariamente que la comparta, sino que reconoce el derecho legítimo de expresarla.
En Chiapas, esto es lo que ocurre, aunque no siempre sobre todo de quienes no son periodistas o negocian con el periodismo, por eso la esencia de la libertad de expresión: el respeto a la pluralidad; en una democracia sana deben coexistir las coincidencias y las diferencias, el aplauso y la crítica, la aprobación y el desacuerdo.
Callar voces por pensar distinto sería traicionar el espíritu mismo de esta fecha, en Chiapas, no hay un solo periodista, dirigente social o sindical, personas o familias, que hayan sido privados de su libertad o peor aún, asesinados, por decir lo que creen y piensan, si se respeta y bien, pero también hay abusos de los comunicadores y quienes se sienten periodistas.
Hoy más que nunca, el periodismo necesita entenderse como un espacio abierto, no como un tribunal. Informar también implica escuchar. Visibilizar los problemas sociales, las causas ciudadanas y las distintas posturas públicas fortalece el debate y ayuda a construir sociedades más conscientes.
La libertad de expresión no pertenece a grupos, partidos ni gobiernos. Pertenece a todos. Y mientras exista alguien dispuesto a ejercerla con responsabilidad, seguirá siendo una de las mayores fortalezas de México y en particular de Chiapas.
Por eso mismo, es libertad, no privilegio, es voluntad, no permiso de terceros, que quede claro, la libertad de expresión es de todo ciudadano, cuando se marcha, se hace mitin, se participa en las escuelas, teatros, en el Congreso, en actos de gobierno, en el hogar, o en los templos religiosos.
