Mario Tassías
Bellavista y Totolpa (“Río de las aves”), son dos de muchos ejemplos que hay en Chiapas, relacionados con atractivos naturales. Es probable que esos nombres, no figuren en la lista de aquellos lugares merecedores de ser visitados. Eso no obsta para recibir mínima atención de quienes buscan salir de la rutina o encontrar otras opciones alejados de lo trillado.
Bellavista se ubica en la Sierra Madre de Chiapas, el nombre debería despertar la curiosidad. Totolapa, se localiza los límites del altiplano Central y la Depresión Central. Son dos opciones provocadoras si se quiere disfrutar de la naturaleza.
No he preguntado aún, si existe algún proyecto para que estos lugares u otros con igual o más atractivos, sean motivo de atención turística. Una opción podría ser eso que los técnicos definen como turismo rural. Manera de disfrutar del entorno natural y cultural en áreas con actividades relacionadas con la agricultura, la ganadería, la artesanía, la gastronomía o la medicina natural.
El turismo rural pudiera ser una elección de ocupación para comunidades, que no tienen muchas alternativas y son depositarias de lugares con atractivo natural.
Disfrutar de la naturaleza no tiene punto de comparación. Adentrarse en la cultura de los pueblos, es conocer de raíces, tradiciones y fortalezas, pero también debilidades que representan lecciones de vida.
Simplemente el ascenso desde Frontera Comalapa hacia Bella Vista, ya tiene mucho de magia. Partir de la zona fronteriza con Guatemala hacia la cúspide de la Sierra Madre, representa un reto a la sorpresa. El cambio de vegetación. La vista de cerros con formaciones geométricas trazadas desde algún lugar del universo. La incontable cantidad de riachuelos que nacen de las entrañas y se deslizan por veredas. El canto de las aves o el sonido que producen los árboles azotados por el viento, deberían ser motivos suficientes para contemplarlos. El río que se encuentra segundos antes de llegar a Bella Vista, es una provocación irresistible para rendirle tributo a la tierra. Otro sentimiento se provoca cuando el ingreso al pueblo se hace por la carretera desde Motozintla.
En Totolapa, hay otra tipicidad. Al norte de la antigua Copanahuastla (hoy territorio de Venustiano Carranza) y a menos de 100 kilómetros de la capital del estado, este pueblito es una reminiscencia de tiempos idos.
Sus vestigios revela que su origen hispánico. En algún tiempo fue parroquia junto con su vecino San Lucas y las fincas “El Trapiche y Herradura”. Más bien cerca, se hallan dos sitios prehispánicos Tzementon (danta de piedra), y Santo Ton (santo de piedra).
Aquí se celebran corridas de toros. Por lo menos hay dos plazas que así lo manifiestan. La del centro y la del barrio de Santa Cecilia a donde acuden los vecinos de lugares como el “20 de noviembre”, Acala, “Flores Magón”, Chiapilla, San Lucas o Venustiano Carranza. Con la monta de becerros y toros se prueba el valor de los hombres dicen los lugareños y eso corresponde a una cultura.
El turismo rural tiene el sabor de lo natural, de lo sencillo, de lo que se hace a mano, de los que simplemente hay que disfrutar. Claro que se necesitan viajeros con previsión de actividades de ocio relacionado con la naturaleza.
Queden hoy en la mente los nombres de Bella Vista y Totolapa, dos de muchos más lugares que podrían significar ocupación e ingresos. La falta de atención contradice a Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego que decía que “La naturaleza no hace nada en vano”, lo triste es que a nuestro alcance no queramos conocerlos.
