Mario Tassías
En alguna ocasión, Octavio Paz (1914-1998) dijo que “Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… del miedo al cambio”.
El miedo al cambio nos paraliza. Incluso los más avezados, cuando tienden a ver la vida de diferente manera, se sorprenden, con la peregrina idea de que no todos los cambios son buenos, pero hay que cambiar. Es sinónimo, no siempre, de evolución.
Hay quien piensa que las cosas deben cambien y siguen haciendo lo mismo. Albert Einstein (1879-1955) afirmó que “no puede resolverse un problema pensando de la misma forma que cuando fue creado”.
Gracias al Cleide Gómez Gómez, mi maestro de posgrado en la Facultad de Contaduría y Administración, Campus I de la Universidad Autónoma de Chiapas, por el envío al correo, de una entrevista publicada en el diario El País de España.
Bajo la pregunta “¿Qué hacer para cambiar? El doctor Edward de Bono (Malta, 1933), prolífico escritor, psicólogo por la Universidad de Oxford y reconocido experto mundial en técnicas de pensamiento creativo e innovador, como los Seis sombreros para pensar y el Pensamiento lateral”, asegura que “el cambio climático no es la principal amenaza de la humanidad, sino la estrechez de nuestro pensamiento”.
Orales, dirían los más jóvenes. De qué se trata dirían los mesurados. La curiosidad de otros les llevaría a reflexionar sobre las dos frases de los dos Premios Nobel de Literatura y Física, respectivamente. Aprender a pensar de manera diferente para encontrar una solución eficaz y sostenible a medio plazo es el reto.
De Bono, dice que: “La mente humana es un instrumento complejo y muy poderoso. Si no se utiliza adecuadamente genera malestar, ineficacia, en definitiva, resultados pésimos, tal como estamos viendo hoy en día. Se sabe que nuestro cerebro es experto en crear patrones de pensamientos rutinarios, casi mecánicos. Pero no es muy bueno cambiándolos. Por eso nos cuesta tanto gestionar las crisis, que son tan necesarias para introducir cambios y poder así evolucionar”.
El tema es de suma interesante si como lo manifestaba el novelista soviético Alexei Tolstoi (1882-1945) “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.
El entrevistado dice que “somos y pensamos tal y como nos han condicionado desde pequeños. Una vez conformado nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestro concepto de identidad, empezamos a pensar y a percibir la realidad de forma estandarizada y subjetiva, limitando las infinitas posibilidades que cada instante ofrece nuestra mente”
“La negatividad es un síntoma de falta de imaginación y creatividad. No sirve absolutamente para nada.”
El experto dice que: “Si cambia nuestra percepción por medio del pensamiento, cambia por completo nuestra visión de la realidad, y como consecuencia, también cambia nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestra manera de relacionarnos con los demás y con el entorno del que todos formamos parte”
Señala que: “Ahora mismo, el gran reto que exige el mundo es que la humanidad cambie de paradigma, es decir, que cambie nuestra manera de ver y de interactuar con la realidad, aprendiendo a diseñar el futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades humanas. No podemos seguir funcionando desde nuestro egoísmo y egocentrismo. Es hora de funcionar desde el “nosotros”, desde la cooperación y el altruismo, a partir de lo que podemos crear verdadero sentido a nuestra existencia”.
El especialista se cuestiona: ¿de qué sirve temer algo que todavía no ha sucedido? ¿Qué beneficios me comporta ser negativo? Toda la energía que no destinamos a construir nos destruye. Por eso ir en contra de algo no tiene ninguna utilidad”.
“Lo que funciona es el diseño y la creación de alternativas útiles y eficaces –señala- orientadas a la resolución de conflictos y problemas. Y no hay nada que genere mayor creatividad que ver las cosas tal como son en vez de como nos gustaría que fueran. Sin embargo, la mayoría de la población no es dueña de sí misma, de sus pensamientos, de su perspectiva. Y el cansancio derivado de su impotencia les esclaviza a reaccionar impulsiva y negativamente por pura inercia, perdiendo oportunidades para crear bienestar y valor añadido”.
El periodista le pregunta: ¿Y qué ocurre dentro de las empresas? El maestro responde: “Lo mismo que fuera de ellas. La gente se niega a aprender de las cosas que le va sucediendo en la vida, con lo que sigue estancada, lo que le impide crecer y mejorar. Y esto es extrapolable a las empresas. La insatisfacción de los colaboradores es sólo un indicador de que hace tiempo que las cosas tendrían que haber cambiado. Pero hasta que no cambie la mentalidad de las personas, todo permanecerá igual. Es una ley eterna e inquebrantable”.
Mahatma Gandhi (1869-1948) decía “Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”. Aprender a pensar de forma consciente viene con el compromiso y el entrenamiento. Claro que se requiere de esfuerzo y disciplina.
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