Mario Tassías
El parto quizás es el momento más sublime en la vida de la mujer que desea tener un hijo. Es la luz que ilumina la oscuridad. Habrá otros momentos. Solo ellas lo saben. Lo emotivo es que cuando dan a luz, se transfiguran y esa metamorfosis les hace diferentes.
Expulsar la hembra el feto que tiene en su vientre, define el diccionario. Es una acción para cambiar la vida. Ese periodo de salida del infante del útero materno, trae consigo una alegría solo comprensible por quienes han sido madres y esperaban emocionadas, ese momento.
Los especialistas dicen que si las mujeres dejan que la naturaleza haga la parte que le corresponde, los beneficios son para el recién llegado y también para la mamá.
El parto es un hecho natural no el “alivio” de una enfermedad. Se alivió cuchichiaban en mi pueblo, cuando una mujer “compraba”, que en términos coloquiales prefiguraba la llegada de un nuevo habitante a la tierra.
Dar a luz al “natural”, es para muchas mujeres motivo de gratificación, posiblemente de orgullo.
Antes, la gran mayoría eran partos “naturales”. En los pueblos, el parto era atendido por la comadrona, bendita señora, que ocurría a cualquier hora del día o de la noche a recibir al que nacía. Las clínicas eran para las familias pudientes.
Los partos no se atendían de otra forma. Eran “naturales” en contraposición con los partos tecnificados. Es ahora, el contraste.
El avance de la medicina incluye, “monitoreo fetal continuo, cesárea o episiotomías”, entre otras actividades. La embarazada y el fruto de su vientre, son los protagonistas. Ahora tiene más colaboradores.
En la actualidad, el alumbramiento “natural” tiene nuevas áreas. Existen clínicas a la que no todas tienen acceso, en donde el parto pretende ser natural.
Con sala de espera decorada como la sala de hogar. Con permiso para que los familiares más cercanos la visiten y le acompañen en la espera. Con sala de parto en donde tienen la libertad de moverse durante el trabajo de parto, adoptar las posiciones que mejor les acomode. Hidroterapia, masajes, compresas tibias y frías, visualización, relajación, pueden comer y beber casi cualquier alimento y bebida. Son algunas adiciones agregadas al momento estelar. Una computadora hace monitoreos fetales.
Nada que ver con la cama de algunos hospitales. En donde desde la entrada se nota el menosprecio por la vida. Hay excepciones, pero son menos. Algunas instituciones han entendido que dar a luz además de una cuestión de números, también es un asunto de humanismo.
Para que el parto sea “natural”, en la actualidad existen métodos, sus nombres no importan. Son maneras, otros modos, cuyos resultados los remiten a millones de mujeres en el mundo.
Un procedimiento enseña que el parto es un proceso normal, natural, saludable. Deja en libertad a la mujer a manejar el dolor de parto, como una molestia que pasará.
Otro método “natural” propicia la participación del padre del bebé como asistente durante todo el período y más cuando se aproximan las contracciones uterinas. Se fundamenta en una buena nutrición y el ejercicio durante el embarazo. No acepta la medicación. Tiene bases en técnicas de relajación y de respiración profunda. Por supuesto que en casos de complicaciones, está listo un quirófano.
Hay otras técnicas que se sostienen prácticas como la hipnosis, el yoga y otros como la meditación, o aquellas prácticas que recomendaban las “abuelas-comadronas”, caminar, masajearse, bañarse y algunos otros.
Llegado el momento la madre y el pequeño o pequeña que vienen se enfrentan a una realidad que podría traumatizarle. Aunque los especialistas señalen que la mujer está capacitada para dar a luz, si la vida y las circunstancias se lo permiten, la realidad es que ese momento estelar tiene la tensión, propia de los grandes momentos de la vida.
A partir de ahí, un hombre o una mujer empiezan a desarrollarse, a crecer, a reproducirse, a cumplir su ciclo en la tierra. A realizar su función biológica eterna.
Motivado por el politizado día internacional de la mujer, recordé ese momento. Hay quienes prefieren olvidarlo. No reviste importancia y menos cuando otros asuntos de menor cuantía ocupan el trasiego de la humanidad. Tenemos oportunidad para revalorarlas y agradecer que gracias a su intervención, estemos aquí.-
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