Mario Tassías
La vida del Obispo Samuel Ruiz García, está ligada a Chiapas, mucho más atada que la de muchos chiapanecos que nacieron en estas tierras del sureste del país.
El Prelado llegó cuando Chiapas no figuraba en el mapa del país, San Cristóbal de Las Casas era una ciudad donde convivían tradiciones y leyendas. Dónde la discriminación hacia los indígenas era un asunto cotidiano. En la década de los 60 otra era la vida de los chiapanecos. Aquella lucha que emprendió recién llegado ha producido frutos amargos en algunos casos, en otros su compromiso fue de franco enfrentamientos por romper los moldes cotidianos de una sociedad que no quiso despertar al ritmo de los tiempos.
Es imposible desligar a Don Samuel de los hechos que colocaron a Chiapas en los ojos del mundo, la asociación con los acontecimientos de 1994 son referencia obligada por las circunstancias merced al papel protagónico que asumió ante la rebelión zapatita, más allá de las luces que iluminaron los hechos “Tatik” fue factor determinante para que una guerra sin cuartel encontrará las pausas para no desbordar la sangre.
Pero al margen de esos acontecimientos, a Don Samuel se le recuerda caminando las veredas de los pueblos indios de Chiapas. Tratando de entender la estructuras del piso de abajo de la sociedad chiapaneca. Su trabajo fatigante porque a esos hombres y mujeres se les reconozcan sus elementales derechos como seres humanos. Son cientos de leguas recorridas, cientos de parajes visitados con el corazón dolido ante la magnitud de las miserias humanas. Habría que seguir el trayecto para ver lo que sus ojos han visto, lo que sus sentimientos recibieron como golpes brutales de una realidad.
No es simple el propósito, es más que un reto o una invitación habría que estar ciego, sordo y mudo para no darse cuenta de que la labor de Don Samuel ha permitido una toma de conciencia para que los más pobres entres los pobres sean sujetos de su propia historia más allá del discurso de políticos que vinieron y se fueron por los atajos de luchas partidistas, de intereses personales.
Muchos de quienes hemos tenido la fortuna de ver de cerca el trabajo pastoral de “Tatik” vivimos admirados del carisma de un hombre honesto que fiel a su vocación ha visto en los más débiles, el alma de quien despertó su conciencia sacerdotal.
Su participación desde 1959 en una diócesis identificada por la extrema pobreza y por tener una población mayoritariamente indígena, le dio a Don Samuel la fuerza y el vigor que a sus 84 años parecen no pesarle.
La determinación de construir un espacio comunitario para preservar la memoria histórica de la labor realizada por el obispo y su trabajo en Chiapas es un acierto porque permitirá tener en un lugar, testimonios y galardones que diversos organismos han concedido a Don Samuel, como aquel de la Universidad Iberoamericana que le otorgó el doctorado por causa de honor o el Premio Internacional Simón Bolívar de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que tiene por objeto recompensar una actividad particularmente meritoria que, haya contribuido a la libertad, la independencia y la dignidad de los pueblos, al fortalecimiento de la solidaridad entre las naciones, favoreciendo su desarrollo o facilitando el advenimiento de un nuevo orden internacional económico, social y cultural.
Ministro de la reconciliación, mediador la paz, comprometido particularmente para un pueblo que ha vivido marginado de ella, aspirante de la construcción de un México nuevo, estructurado por los valores humanos de la fraternidad, de la democracia, de la verdadera libertad, del respeto de todos los derechos humanos para todos, Samuel Ruiz ha escrito más de una página en la historia de Chiapas.
