Punto de Vista

Mario Tassías

El capitalismo “verde” tiene en la mira los espacios rurales comunes, la agricultura, la tierra y el agua. Sus efectos ya se sufren con el acaparamiento de tierra, privatización del agua y de los océanos, de los territorios indígenas, de los parques nacionales y las reservas naturales acompañadas de expulsiones forzadas de comunidades campesinas e indígenas.

Los pueblos campesinos e indígenas concentran los mayores niveles de pobreza, porque se les ha despojado de la tierra, se les ha cercado por la ley o por la fuerza para no cultivar e intercambiar libremente. Son pueblos que resisten la expulsión desde el campo, y son más del 90% de la población rural del planeta. Sus formas de hacer agricultura, enfrían el planeta, cuidan los ecosistemas y aseguran la alimentación para los sectores menos favorecidos.

Toda solución pasa por detener el lucro, acabar con la complicidad de los gobiernos y apoyar las formas de producción que cuiden el planeta. La Soberanía Alimentaria es parte del corazón de los cambios necesarios, el único camino para alimentar a toda la humanidad.

Cambiar el sistema alimentario industrial agroexportador que devuelva a la tierra su función social como productora de alimentos y sustentadora de la vida, que ponga en el centro la producción local de alimentos, los circuitos de comercialización y procesamiento local.

La soberanía alimentaria permite acabar los monocultivos y los agronegocios, fomentar los sistemas de producción campesina caracterizada por su mayor intensidad y productividad, su capacidad para dar trabajo, cuidar el suelo y entregar una producción sana y diversificada. La agricultura campesina e indígena es la que puede enfriar el planeta; con capacidad de absorber o evitar hasta 2/3 de los gases invernaderos que se emiten cada año.

Actualmente la tierra en manos campesinas e indígenas es de alrededor del 20% de la tierra agrícola a nivel global. Con ese porcentaje las familias y comunidades campesinas e indígenas producen al menos la mitad de la alimentación mundial. En sus encallecidas manos está la forma más segura y eficiente de superar el hambre en el mundo.

Para asegurar alimentación y restaurar la normalidad climática en la tierra, es necesario que la agricultura vuelva a ser una tarea en manos de comunidades campesinas y pueblos indígenas. Para ello es urgente reformas agrarias integrales y de gran amplitud, que acaben con la concentración extrema y creciente de la tierra que hoy afecta a la humanidad.

Esas reformas agrarias favorecerían las condiciones materiales para que la agricultura cumpla su papel en beneficio de la humanidad y por ello la defensa y protección de las agriculturas campesinas e indígenas es hoy una tarea de todas y todos. En lo inmediato, es necesario detener las transacciones, concesiones y traspasos que signifiquen concentración o acaparamiento de tierras y/o desplazamiento de comunidades rurales.

Los sistemas campesinos e indígenas de agricultura, caza, pesca y pastoreo que ayudan a cuidar la tierra y la alimentación deben ser apoyados con fondos y medios públicos no condicionados. Los mecanismos de mercado -como venta de carbono y servicios ambientales- deben desmontarse de inmediato y reemplazarse. Detener la contaminación es un deber que nadie puede evadir comprando derechos a seguir destruyendo.

El uso de lo que organismos internacionales y empresariales llaman “biomasa” es alimentar a los seres vivos y volver a la tierra para restaurar su fertilidad. Las emisiones provenientes del derroche de energía deben reducirse en base al ahorro y el fin del despilfarro. Necesitamos fuentes de energía renovable descentralizados, al alcance de los pueblos.

Miles de campesinos y campesinas, agricultores y agricultoras familiares, campesinos y campesinas sin tierra, pueblos indígenas y migrantes -hombres y mujeres- se oponen a la mercantilización de la tierra, los territorios, el agua, las semillas, los alimentos, la naturaleza y la vida humana. A estas alturas, “La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”, como se dijo en la Cumbre de los Pueblos en Cochabamba, Bolivia:

Esos hombres y mujeres repudian y denuncian la economía verde como una nueva máscara para ocultar mayores niveles de codicia de las corporaciones y del imperialismo alimentario en el mundo y como una forma brutal de lavarle la cara al capitalismo, que sólo impone falsas soluciones, como el comercio de carbono, REDD, la geoingienería, los transgénicos, los agrocombustibles, el bio-char y todas las soluciones de mercado a la crisis ambiental.

El reto es restaurar otra manera de relacionarnos con la naturaleza y entre los pueblos. Ese es un deber y un derecho y por ello la lucha sigue por la construcción de la soberanía alimentaria, por la reforma agraria integral y la recuperación de los territorios indígenas, poner fin a la violencia del capital, y restituir los sistemas campesinos e indígenas de producción basados en la agroecología.

Esa es la propuesta para la reunión Rio+20 en Río de Janeiro, Brasil. Más datos en: www.laviacampesina.org

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