Angel Mario Ksheratto
Hace unas horas, la tragedia envolvió a una familia chiapaneca; un joven voluntario fue brutal y cobardemente asesinado por otro que quería ser alcalde de su pueblo. La motivación del artero crimen es por demás absurda y estúpida: el asesino creyó ser víctima de despojo publicitario por parte del muertito. No vaciló un segundo y accionó su arma, luego de una persecución y haber esperado pacientemente a que aquel saliese de casa, a donde llegó para tomar sus alimentos, sin sospechar que estaba siendo esperado para ser cobardemente acribillado. Era, el muerto, tan solo un muchacho.
El ex diputado priísta alega sin embargo, que la víctima fue él; que el muerto y sus amigos, pretendieron secuestrarlo y en consecuencia, solo se defendió. Los testigos le desmienten categóricamente: Lo asesinó a sangre fría, con premeditación, alevosía y ventaja… Y a traición, por la espalda, como suelen asesinar los cobardes.
Ulises Grajales Niño, no es una persona con quien se pueda entablar una conversación sin que los gritos, amenazas y soecidades estén ausentes. Rijoso, bravucón, prepotente. De hecho, siempre andaba por las calles rodeado de pistoleros malencarados, dispuestos a enfrentar a todo aquel que osase acercarse al sujeto.
Antes de ser diputado, su fama de matón era notoria por toda La Frailesca. Lo supieron entonces las autoridades electorales y la dirigencia del PRI; con todo y eso, lo dejaron incluso, llegar a ser líder de la bancada de ése partido en el Congreso del Estado. Más aún, le concedió, el Congreso, licencia para ser candidato a la alcaldía de Villaflores. Su negro historial de agresor y criminal en potencia, no fue obstáculo. Incluso, se dice que pagó una importante cantidad de dinero para obtener la nominación.
Su partido, por lo menos ésta vez, fue cauto y actuó acorde a sus intereses: canceló la candidatura de Grajales Niño y descalificó el asesinato. Protegerlo habría sido suicida. No obstante, un cuerpo de abogados pagados por ese instituto político, pretenden demostrar que el criminal actuó en defensa propia, lo cual, de acuerdo a los testimonios, es falso.
Ahora bien, los antecedentes de Grajales Niño, eran notorios. Mucha gente le acusó de actos de extrema prepotencia y no falto quien impugno sus candidaturas ante el temor que éste, con fuero y poder público, llegase a cometer delitos. Nadie hizo caso. Las autoridades electorales y las internas del PRI, hicieron caso omiso.
Por otro lado y en el tema de las campañas sucias, desde el inicio del proceso electoral se ha venido ventilando el tema de la destrucción de propaganda de unos y otros. Quejas y recursos han sido interpuestos por los ofendidos y las autoridades electorales, como si no existieran. No es privativo del PAN destruir propaganda contraria; priístas y perredistas, hacen lo mismo, han sido denunciados y nada.
Tuvo qué ocurrir una tragedia para que los obligados a velar porque no se den actos vandálicos contra los candidatos, por lo menos, volteen hacia un problema que, de no controlarse, podría convertir al estado en un río de sangre. De hecho, hasta hoy, nada han dicho. Se habrán lamentado, quizá, pero no han ofrecido garantías serías de mantener bajo control las escaramuzas entre contendientes.
Lo peor es que tuvieron en sus manos los antecedentes de un criminal en potencia y así, le otorgaron los derechos para ser electo y ahí están los resultados: un muerto que no tiene justificación alguna. Grajales Niño podrá alegar lo que quiera, pero no quiere decir que deba ser absuelto. Dejarlo en libertad tras un horrendo crimen, sería burlarse de la justicia. Sería dar un voto a la impunidad.
Tarjetero
*** No es nada nuevo el hecho que los pablistas, se hayan unido a la campaña de López Obrador y Orantes López. Eran su única tabla de salvación y desde luego, la fichita que le presentaron al tabasqueño es que Pablo Abner Salazar, les daría miles de votos. Nada más que le mintieron al Peje y a la Nena. Son sumas que restan, sin duda alguna. Y es que la idea es liberar a Pablo Abner, lo cual sería una burla para los chiapanecos. *** El candidato a la alcaldía de Tuxtla, Samuel Toledo, no ve ni por dónde le caen los sopapos; su imposición y la falta de propuestas, lo están arrastrando al último lugar de las preferencias electorales. Para acabarla, el pobre hombre lleva una campaña desordenada y sin sustento social. Para muchos, es caso perdido. *** Frente a él está un Carlos Morales Vásquez, a quien nadie da un céntimo de crédito, luego de haber negociado una regiduría con el PAN, cuando él, ganó legítimamente a la candidata de ese partido. Sus negocios en el pasado no lo ubican como un hombre confiable. De tal manera que la alcaldía capitalina, no tiene posibilidades de un futuro gobernante con el apoyo de la mayoría. *** En cuanto a la gubernatura, vemos que la pelea podría ser entre el candidato del PAN y el del PRI-PVEM. A pesar que hay una enorme brecha, hay quienes ven un repunte importante, mientras que la candidata pejista, no repunta. Y es que la señora Orantes viene de pleito en pleito y sobrada como para no bajar a beber agua al riachuelo donde están todas las corrientes malolientes de la disminuida izquierda. *** Por cierto, estamos ante un proceso electoral de risa. Resulta que una facción del grupo #Yosoy132, se deslindó de éste y conformó otro grupo, bajo la acusación que el movimiento inicial es manipulado por la izquierda. En Chiapas, la facción gay de ese movimiento, se declaró abiertamente a favor de la Nena Orantes. No era necesario. Ya se sabía que ahí tenían su nichito. En fin, es como para no hacerles caso. *** Roberto Montero, candidato del PAN para la alcaldía de Chiapa de Corzo, parece tener todas consigo. Las encuestas lo dan por vencedor, aunque, hay que aclarar, falta mucho y a veces, del plato a la boca, se cae la sopa. *** Luego nos leemos.
amksheratto@hotmail.com
ksheratto@gmail.com
