Mario Tassías
“El pensamiento de Octavio Paz no sólo se circunscribe al ámbito literario, sino que se abre a otras disciplinas: la historia, la política y la filosofía y dentro de ésta última, hay incursiones en la filosofía política, aunque no de manera sistemática”.
Tal se lee en la contraportada del texto electrónico “La Filosofía Política en el pensamiento de Octavio Paz”, de Juan Federico Arriola, digitalizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, http://info5.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=2590
Contenido en tres capítulos “La libertad en el pensamiento de Octavio Paz”, “La autoridad y el poder desde la biografía y la visión estética, filosófica y política de Octavio Paz” y “Octavio Paz: observador comprometido de la política nacional e internacional”, el análisis de Arriola nos muestra al ganador del Nobel de Literatura 1990, como un personaje ocupado en la “libertad como realidad humana fundamental” para asumir la “libertad intelectual como presupuesto filosófico de la libertad política”.
En ese esbozo, Arriola introduce al lector en la historia de nuestro país y los primeros 30 años de vida del autor del “Laberinto de la soledad”, desde “El comienzo: de 1914 a 1930”, “Nací en 1914, abrí los ojos en un mundo regido por ideas de violencia y empecé a pensar en términos políticos a la luz convulsa de la guerra de España, el ascenso de Hitler, la dimisión de las democracias europeas, Cárdenas, Roosvelt y el New Deal, Manchuria y la guerra sino-japonesa, Gandhi, los procesos de Moscú y la apoteosis de Stalin, adorado por incontables intelectuales europeos y latinoamericanos. Comencé iluminado por unas ideas que poco a poco se enturbiaron; me convertí entonces en el teatro de muchos debates interiores que no tardaron en volverse discusiones públicas”, (Pequeña crónica de grandes días, FCE, 1990)
Desde la perspectiva del autor: “La libertad para Octavio Paz es…una realidad ética, estética y política. La creación artística, (…) no se entiende sin la libertad, que no es una extensión del ser humano, (…) es fundamento de la condición humana. Sin libertades jurídico-políticas como expresión y asociación no hay democracia”. Parafraseando al ilustre filósofo español Luis Recaséns Siches, el autor dice que; “La libertad no se tiene, forma parte de la naturaleza humana, es parte del ser”, para agregar que “Paz nunca visualizó a la libertad como una propiedad, como algo externo, sino como una realidad que le da sentido a la existencia humana”.
El autor repasa la vida de Octavio Paz por: “Los años de transición: de 1931 a 1943; Los años diplomáticos: de 1944 a 1968; Los años de independencia y de consolidación literaria: de 1969 a 1990 (y) Los últimos años: de 1991 a 1998”.
Introducido ya al análisis de la obra de quien escribió “El ogro filantrópico”, Arriola, doctor en derecho y maestro de filosofía pone a Octavio Paz, “Más allá de la dictadura y la democracia: la burocracia.
El caso peculiar de México, (el) Análisis del problema del poder y el péndulo de la dictadura a la anarquía y de la anarquía a la dictadura. La interesante y difícil relación entre el intelectual y el político (y) Hacia una teoría general del Estado en el pensamiento filosófico político de Octavio Paz.
En sus conclusiones Arriola señala que “Octavio Paz fue uno de los primeros que en México habló de la necesidad de democratizar al país (…) tema que a los socialistas y comunistas no les interesaba, porque creían que la democracia simbolizaba al poder burgués (algunos hoy lo creen y lo afirman). Sumó su inteligencia a la de otros intelectuales, para exigir la “apertura de los medios de comunicación y de las prácticas electorales… deseaba que la Constitución de 1917 se aplicara en lo que los actores clásicos señalaban desde el siglo XVIII: división y equilibrio de poderes públicos y respeto de los derechos humanos”.
“Octavio Paz consideró en “Corriente Alterna” que en los inicios de la modernidad, los revolucionarios eran los filósofos o los intelectuales. En su caso, él como hombre de letras fue un revolucionario: le quitó la máscara a la historia oficial y con ella a los mexicanos, aunque seguimos dentro del laberinto. Laberinto de corrupción, violencia, rezago educativo, pobreza y desesperación. Es verdad, Paz nos quitó la máscara, pero ahora la intensa luz nos lastima. Tratamos de reconciliarnos con nuestro pasado y en ese intento nos atoramos con los problemas presentes derivados de una inapropiada e injusta distribución de la riqueza nacional y de un continuo ejercicio autoritario de poder que ha permeado en la débil democracia, sistema abierto pero que no tiene suficientes demócratas para darle viabilidad”, concluye el análisis.
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