Punto de Vista

Mario Tassías

El derecho a votar es fundamental para el perfeccionamiento de la democracia. Garantiza todos los demás derechos. El sufragio ya fue incluido en las primeras declaraciones de derechos, desde el Bill of Rights, de 13 de febrero de 1689, que se amplía hasta nuestros días.

Aquella declaración explicaba que “… todas las elecciones de representantes del pueblo en la asamblea deben ser libres; y que todos los hombres que hayan probado suficientemente su adhesión a la comunidad y un interés permanente con ella tienen derecho de sufragio, y no podrán ser gravados con impuestos o privados de su propiedad para uso público sin su propio consentimiento o el de sus representantes así elegidos, ni obligados por ninguna ley que no hayan consentido para el bien público”, hasta la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano, de 26 de agosto de 1789.

Esa manifestación de principios en su Artículo 6 cita: “… la Ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen el derecho de participar personalmente, o por medio de sus representantes, en su formación. Debe ser la misma para todos, tanto si protege como si castiga. Todos los ciudadanos, al ser iguales ante ella, son igualmente admisibles en todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad y sin otra distinción que las de sus virtudes y las de sus talentos.

“El derecho a ejercer esta forma de autogobierno es un atributo reconocido a los integrantes de una sociedad determinada y una garantía de la propia existencia democrática de esa comunidad. No se trata de fundamentar el voto en un supuesto derecho natural preexistente a la organización del poder político, sino de aceptar que ese poder solo es democrático si se ejercita y desarrolla según la orientación que le otorgan en cada momento los destinatarios inmediatos de sus decisiones.

Sobre ese tema de actualidad creciente, es el texto contenido en “El derecho de voto: un derecho político fundamental” de Miguel Ángel Presno Linera, Doctor en Derecho. Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo; presno@uniovi.es; y que puede conseguirse en http://presnolinera.wordpress.com/elderechodevotounderechopolíticofundamental
http://presnolinera.wordpress.com; 2011.

El libro electrónico, se divide en dos partes, la primera incluye los temas: El derecho de voto como derecho fundamental; El objeto del derecho de voto, su ejercicio y las formas de ejercerlo; El desarrollo legislativo del derecho de voto; La titularidad del derecho de voto y las abstracciones necesarias para garantizar su carácter universal; La exigencia de capacidad para la autodeterminación política libre: el caso de los menores e incapaces.

Puesto como un documento de consulta, el documento de 193 páginas, también incluye: ¿Sirve a la democracia que no puedan votar los policías y militares?; La condena penal no debe suspender la ciudadanía: los presos también son importantes; ¿Es propio de una sociedad democrática avanzada la exclusión política de los extranjeros?; El voto de los nacionales ausentes y La igualdad del voto y sus distorsiones: “voto reforzado”, “desproporcionalidad”, “barrera electoral”.

Pero además aborda: La libertad del voto como expresión de la capacidad para autodeterminarse políticamente. El voto obligatorio y el tratamiento jurídico de la abstención; El secreto del voto como garantía de una participación libre: su ineludible extensión a las personas ciegas; La participación política inmediata: el voto personal directo. El sufragio asistido y el voto por correspondencia; El voto electrónico: ¿el nuevo fuego de Prometeo o la vieja caja de Pandora?

Aunque no es precisamente un libro técnico, la segunda parte del libro, es un documento que explica algunos de los casos sobre procesos electorales en diversos países y a la luz de la jurisprudencia, recoge ese conjunto de sentencias de tribunales, con lo cual el contenido se enriquece y orienta al lector hacia otros horizontes en el ejercicio del derecho de voto.

El texto es oportuno, ahora que en el ambiente político estatal y nacional, los políticos juegan a que cada quien atiende a su juego, y en donde se puede ver que los menos importantes son los electores a quienes finalmente se deben los políticos.

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