Mario Tassías
Dice un proverbio que al león lo conocemos por sus garras, a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los echamos de ver por sus decisiones en el más alto Tribunal del país.
Insisto que con lo ocurrido con la determinación en el caso Lydia Cacho, ganó el derecho y perdió la justicia, aunque el tema cause contrariedad cuando no indignación en la sociedad mexicana. ¿Cuándo la polémica fue algo terso? En su definición como “arte que enseña los ardides con que se debe ofender y defender“, tiene su complacencia.
La periodista ha tenido, fiel a su profesión, la capacidad para mostrarnos la verdad compartida con niñas y niños que han sido abusados sexualmente. A su campaña se han sumado miles de mexicanos que han tenido acceso a sus declaraciones, a sus libros, a sus actividades en el marco de una sociedad que primero con sorpresa y luego con estupefacción ha comprobado que existen caminos torcidos donde la justicia es ciega y muda. Y es que la justicia es agravio, sino la aplica el sabio.
Quienes han leído los documentos integrados al expediente, quienes vimos y escuchamos el accionar de los Ministros en cuenta, entendemos que entre papeles hay información que fue desdeñada por los ojos de técnicos del derecho. Tanta razón tenía al iufilósofo uruguayo Eduardo J. Couture al decir que para elegir a un juez primero debía ser un caballero, ser un señor y si sabía derecho mejor.
Como órgano colegiado, los señores y señoras de la toga y el birrete en el máximo tribunal del país, perdieron un punto más a la deteriorada imagen que de ellos la sociedad se ha formado. Pero además sucedió algo más notorio, desde el foro, legislaron quitando de facto las atribuciones que en su momento tiene el legislativo.
No me detendré en el análisis de la determinación de la corte, ya cada quien tiene su punto de vista. Aprovecho el espacio para reflexionar sobre la justicia.
Antes de que se convierta en algo en desuso, la justicia es aquello que el jurista romano de origen fenicio Ulpiano definió como “la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo suyo”, desde este ángulo la justicia es una virtud moral y por lo tanto ética, ya lo refería anteriormente cuando subrayaba la actuación de los jueces que decidieron el asunto Lydia Cacho y que decidirán sobre Atenco y Oaxaca. La justicia por tanto es una virtud del entendimiento.
En términos llanos podemos decir que al derecho le corresponde descifrar lo justo de lo injusto, no importan la justicia como virtud moral o de voluntad, sino criterios conforme a los cuales es posible realizar ese discernimiento, como lo apunta, Jorge Adame Goddard en su definición de justicia del Diccionario jurídico mexicano.
Algunos tratadistas confirman la visión de Aristóteles que “la justicia consiste en dar tratamiento igual a los iguales y tratamiento desigual a los desiguales”, Eduardo García Máynez en su libro Filosofía del derecho, dice también que por justicia, todos tendríamos iguales derechos en tanto seres humanos. Sin embargo, hay además múltiples elementos que distinguen a unos hombres de otros, y desde este punto de vista, corresponden a los hombres tratamientos desiguales.
Es a través de juicios de valor como logramos discernir el trato entre personas, y es ahí desde la perspectiva del derecho donde esos aspectos son jurídicamente relevantes.
No podemos suscribir aquello que afirman los técnicos del derecho que señalan que para distinguir entre los justo y lo injusto, es imperioso someterse a la ley, más allá de lo estrictamente jurídico hay fundamentos para pensar que para la convivencia humana no sólo se necesita de leyes, códigos y reglamentos, sino de algo más virtuoso que racionalmente se fundamenta en la justicia.
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