Mario Tassías
Una sociedad consumista es capaz de comprar cualquier cosa, aún ignorando el producto o servicio que compra, esta hipótesis se puede aplicar a una buena parte de la sociedad mexicana que durante el último fin de semana ha “comprado” por la televisión el caso de Kalimba, es cantante acusado en Chetumal de violación por una menor de edad.
Al no tener o no buscar una mejor forma de divertirse o de ocupar su tiempo libre, mujeres y hombres se han prendido del televisor como quien se prende de un caso de vida o muerte a “conocer” la versión del caso que la televisión ha querido ofrecer.
En televisión de paga y televisión abierta el caso se ha planteado como uno más de los espectáculos del canal de las estrellas o de la programación estelar del canal azteca. En ambos casos, los conductores, periodistas o informadores, para el caso es lo mismo, se han asumido el papel de agentes del Ministerio Público, han emitido juicios de valor, cual si tuvieran el conocimiento de la técnica jurídica o hubieran investigado, es más aún, en papel de jueces se han atrevido a dictar sentencia. El consumidor, es un pasivo que las televisoras han vuelto a menospreciar.
En la más elemental de las percepciones hay que decir que un periodista no escribe sentencias, sino noticias. Eso le otorga una doble y paradójica responsabilidad: como no escribe sentencias, no tiene la obligación de alzancar un grado de precisión superlativo en sus informaciones, ni dispone de meses y meses para investigar un hecho de actualidad (eso no implica, por supuesto , que renuncie al mayor grado de rigor y de honradez)
