Punto de Vista

Mario Tassías

En “Del espíritu de las leyes” (1735) Montesquieu (Charles-Louis de Secondat, baron de La Brède et de Montesquieu, 1689 – 1755), escribió “[Un gobierno despótico] es uniforme en todas partes; como no hace falta más que pasiones para establecerse, todo el mundo es adecuado para ello”. La referencia viene a propósito de una entrevista a Marcos Camacho, más conocido como Marcola, dirigente de una organización criminal de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC). Cualquier semejanza con lo que sucede en otro país, es pura coincidencia.

Entrevistado por Manolo Bordón para O Globo, (1965) el cuarto canal más grande de la Televisión mundial, detrás solamente de ABC, CBS y NBC, Marcola contesta que no solo es el máximo dirigente de una organización criminal: “Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre “la belleza de esas montañas al amanecer”, esas cosas… Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social”.

Para Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta “conference calls” entre presidiarios…) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

El extracto de otra respuesta: ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio… Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas”. Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en “super stars” del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros “clientes”. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos. (¡Menudo comentario wow!)

Bordón pregunta: ¿Pero, qué debemos hacer? Marcola, responde: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a “los barones del polvo” (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? No tienen dinero ni para comida de los reclutas. Estoy leyendo “Sobre la guerra”, de Klausewitz. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros… solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva?

“Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: “Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno”.

En una carta dirigida a Carlos Marx, fechada el 4 de septiembre de 1870, Federico Engels le escribe: “Estoy convencido que la abominación del Reinado del Terror 1793 reside casi exclusivamente en el burgués sobreexcitado que se la da de patriota, el pequeño burgués fuera de sí y con los pantalones llenos y la gentuza del bajo fondo que sabe cómo sacarle provecho al terror”.

Otros puntos… Una pareja de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo. En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el tendal: -¡Qué sábanas sucias está colgando para secar! -Está precisando de un jabón nuevo… ¡Si yo tuviera confianza con ella le preguntaría si quiere que yo le enseñe a lavar las ropas!- El marido miró y quedó callado… Algunos días después, nuevamente, durante el desayuno, la vecina colgaba sábanas y la mujer comentó con el marido:
-¡Nuestra vecina continúa colgando las sábanas sucias! ¡Si tuviera confianza con ella le preguntaría si quiere que yo le enseñe a lavar las ropas!- Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina tendía sus ropas. Había pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas tendidas, y entusiasmada fue a decir al marido. -¡Mira, ella aprendió a lavar la ropa! ¿Será que la otra vecina le enseñó…? Porque yo no hice nada.- El marido calmadamente respondió: -¡No, hoy yo me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana! – Feliz fin de semana.

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