Punto de Vista

Mario Tassías

Los ayuntamientos no solo deben trabajar con puertas abiertas, antes de abrirlas, deberían abrir el cerebro y metafóricamente el corazón, para encontrar soluciones a la cantidad de problemas en los municipios que crecieron, se estancaron o retrocedieron con las anteriores administraciones.
No hay tiempo para esperar la revisión de cuentas. El tiempo apremia, ya se fue la primera semana de 2011. Lo recomendable es que los nuevos ayuntamientos hayan empezado de menos cero para romper las inercias.

Culpar de ineficiencia, corrupción u otros adjetivos similares a quien ya se fue, sin que el Órgano de Fiscalización, o el Congreso del Estado, atiendan las denuncias es perder el tiempo en infiernitos. Palabrería para imprimirse en páginas de color amarillo.

Si las instituciones que tienen dentro de sus funciones inspeccionar, velar y atender el cumplimiento de obligaciones contraídas en el ejerció de las funciones públicas, ignoran las denuncias, lo demás son cenizas del mismo fuego. Es frustrante ver como los vericuetos de la política, ensombrecen el camino de la honestidad y la integridad.

Escuchar o leer que los ayuntamientos trabajaran con puertas abiertas, es un lugar común, suena a disco rayado. Trabajar con trasparencia a la vista de la comunidad debería ser un compromiso. Una obligación. Mantener las puertas abiertas es una responsabilidad de quienes se comprometieron con los electores y aún con aquellos que votaron en contra del candidato ganador o de los que no votaron pero que como gobernados tienen la prerrogativa de que la cosa pública refleje armonía y concierto de decisiones en beneficio de las mayorías, eso sería consecuencia elemental de un ejercicio democrático.
Por su trascendencia política y por ser la ciudad más grande del estado, el ejemplo inmediato es Tuxtla Gutiérrez, que abrió desde la primera sesión de cabildos un espacio para la discusión de los asuntos que importan a los habitantes de la capital del Estado.

El cúmulo de pendientes suma un universo que hay que atender con responsabilidad, con profesionalismo. Efectividad y eficiencia son los vocablos que materializados deben responder a las expectativas. Los discursos son alegatos de tiempos recientes, ya en la estadística. Improvisar deteriora la administración pública, no se debe seguir improvisando.

En un somero ejercicio en perspectiva, se podría decir que en la ciudad, la limpieza es un reto y debería convocar a la población. Las vialidades son un caos, los baches ahí están respondiendo con su carga de maldiciones a la publicidad inane.

En el tema de las vialidades, es evidente la falta de capacitación y compromiso de los agentes de tránsito. Mucho tiene que ver la falta de educación vial de los conductores, pero de unos es la obligación, de los otros la responsabilidad y el riesgo.

El desorden en la otorgación de permisos de construcción ha hecho crecer la ciudad sin el concierto urbano. A ese paso, se llegará a la irracionalidad y estupidez de construir en la cordillera del Mactumatzá, el cerro guardián y pulmón que alimenta la región central de Chiapas.

El agua potable y su alto costo, muestra la ineficiencia del Sistema Municipal de Agua Potable. Un problema que no se resuelve con aumentar el costo de tarifas y mucho menos burocratizando la institución.

Tomado el ejemplo, puede decirse que la historia se reproduce con sus particularidades, en los otros 117 Ayuntamientos de Chiapas. Antes de separar del marco la hoja o las hojas de las puertas, valdría más abrir la mente y el corazón para pulsar los latidos de los ciudadanos que piden soluciones a los problemas que los aquejan, resolverlos es la mínima respuesta.

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