Mario Tassías
El período de la vida humana que nace con el embarazo, se extiende con el nacimiento hasta la pubertad, es responsabilidad de los padres, y los padres se están viendo irresponsables ante la obesidad infantil en México.
Las gorditas y gorditos, no tienen buena vida porque “comen con manteca”, (A menos que padezcan una enfermedad genética) es que falta información a quienes les dan de comer. Si a eso se une el bombardeo de la televisión, estamos literalmente fritos. Por eso cuando los pequeños llegan a la primaria llevan su carga de daños producida por el consumo de comida chatarra.
Un estudio avalado por la organización El Poder del Consumidor señala que durante la programación infantil, en México se transmiten cada hora 11.25 comerciales de comida chatarra, lo que implica que un niño está expuesto a 12 mil anuncios de cereales, dulces, botanas, refrescos y pastelitos por año. Son 32.87 comerciales por día, 1.82 por hora. Es un bombardeo que acosa. Abruma.
Un alto porcentaje de los 14 millones 621 mil alumnos de la población infantil que cursa la primaria en México, aproximadamente 4 millones 386 mil, padecen de síndrome metabólico por la ingesta de comida charrata comprada dentro y fuera de las escuelas.
“En una década, ésta situación se traducirá en diabetes, hipertensión, cáncer, tumores malignos, infartos y diversas enfermedades crónicas y degenerativas”, afirma el investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” (INCMNSZ), Abelardo Ávila Curiel.
Idiay pué, dirían en mi pueblo, que es eso que ahora a los chiquitios tan más enfermos que los adultos. “Es produto de la modernidá” diría mi tía.
El estudio “La publicidad de comida chatarra dirigida a la infancia en México”, indica que los niños ven tres horas diarias de comerciales, que ya es en extremo grave, que digo gravísimo, pregunten luego por qué el bajo rendimiento escolar, pero ese es otro tema.
En los pasillos de la Cámara de Diputados, se cabildea una ley aprobada por el Senado, que respalda los lineamientos para la venta de alimentos en las escuelas preescolares, primarias y secundarias y otorga mayor autoridad a las secretarías de Educación Pública y Salud, para regular su comercialización.
Juan Martín Pérez García, de la Red por los Derechos de la Infancia en México, dice que falta mucho para que la legislación esté a la altura del problema que vive México en materia de obesidad infantil, por lo que es necesario que los legisladores conozcan los estudios sobre la venta de alimentos.
En particular el informe elaborado por el Grupo Internacional de Trabajo contra la Obesidad, en el que participaron 10 mil expertos miembros de 115 países con una serie de recomendaciones presentadas ante la Organización Mundial de la Salud (OMS), refirió.
Con todo eso que ya se sabe o que debería saberse, dígame si no es irresponsabilidad de papá y mamá, llenar las loncheras con gansitos, papitas, yogurt envasado y demás comida basura para el recreo en la escuela. Por supuesto que es más barato, pero tiene un alto costo en la salud. Por otro lado, está comprobado que una dieta a base de alimentos sanos, vale por un mejor comportamiento, mayor coeficiente intelectual y mejor rendimiento escolar.
Por si ello no fuera suficiente, les recomiendo Food Inc. una película, un llamado de alerta para saber qué camino han trillado y por qué la obesidad infantil. ¿Cómo pedirles más, si a lo mejor ellos mismos son obesos por ignorancia o por adicción?
Lo peor de la ignorancia es que a medida que se prolonga, adquiere confianza y lo decía Benjamín Disraeli: “Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”.
