Mario Tassías
Si nos atuviéramos a una jerarquía de valores humanos, caeríamos en la cuenta de que a más de uno le enseñaron en la casa, en la escuela, en la iglesia o en cualquier otro lugar: En resumen hay por lo menos cuatro categorías de valores: religiosos, morales, humanos, biológicos y quizás otros. Con el paso del tiempo uno se aviene a los que más convienen. Son como el espejo de la conciencia y muchas veces cuesta caro pagar el precio de esos bienes universales, normalmente inducidos por la religión.
Si hablamos de la salud, el placer, la belleza física y las cualidades atléticas, nos referimos a los valores biológicos. Pero si el índice apunta hacia la intelectualidad, la filosofía, la música, los bienes artísticos, sociales y estéticos, eso tiene que ver con otro valor. En la sucesión ordenada podemos incluir la honestidad, la bondad, la justicia, la autenticidad, la solidaridad, la sinceridad y la misericordia y podríamos decir que son los valores estrictamente humanos. Otros son de orden cívico, laico, como la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, el diálogo, la generosidad y el compromiso. Además de los valores religiosos que tienen que ver con la cosmovisión o la relación personal con Dios o con el ser supremo al cual se invoque. Para finalmente cuestionarse y ¿En qué creen los que no creen?
Por ello toma trascendencia que Juliana Rodríguez, especialista participante en el coloquio “Valores para la sociedad contemporánea” haya dicho que “Se requiere una nueva tabla de valores” acorde con los desarrollos filosóficos y científicos, el surgimiento de posibilidades tecnológicas que plantean otros cursos de la vida y de la muerte. Judith Bokser habría dicho que “No hay una sociedad tan enferma que no pueda componerse”. El rector de la UNAM José Narro Robles, en la ceremonia inaugural afirmó que a 200 años del inicio de la independencia de México, no podemos dejar de reconocer que hay mucho que hacer sobre la pobreza, la exclusión, la desigualdad, la ignorancia y la enfermedad.
Aportó las cifras de su dicho: “… de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 14.9 millones de mexicanos entre 12 y 29 años se encuentran en condiciones de pobreza, y 13.6, en situación de carencia social, esto es, más del 80 por ciento de este segmento poblacional, por lo que es necesario “definir un proyecto como nación en el que se inyecten más recursos a educación superior, cultura, ciencia, salud y generación de empleo, uno estable que genere prestaciones y ofrezca mejores condiciones hacia el futuro”. “El discurso sin recurso se convierte fácilmente en demagogia”, señaló.
La idea de revisar un nuevo sistema de valores, no es nueva, otras sociedades informadas han desarrollado experiencias de acuerdo con los días que transcurren en el mundo moderno. Las raíces de la moral tradicional, han sido objeto de muestreos para conocer el estado de salud que guarda en el tronco y las ramas de la sociedad. Las corrientes filosóficas pasan por el tamiz de los más connotados especialistas, no se puede saber hacia dónde vamos, si no se analizan los hechos que han transformado la sociedad actual. El avance de los nuevos conocimientos científicos son dilemas del mundo contemporáneo. No deberíamos permanecer como espectadores ante esa celebración que nos ofrece la vida.
Ya en la presentación del coloquio Héctor Vasconcelos, coordinador de Diálogos Internacionales, y Sealtiel Alatriste, coordinador de Difusión Cultural, ambos de la UNAM, al dar detalles del encuentro dijeron que el propósito es reflexionar “sobre la posibilidad de elaborar un sistema de valores que no estén necesariamente relacionados con la religión”, sino con el humanismo y el pensamiento científico.
No se puede seguir avanzando como sociedad, sino se sabe para dónde se va. No es tan simple decidir un camino, cuando en la encrucijada hay señales que orientan hacia destinos en donde la decisión no se basa en información derivada de los conocimientos científicos, por ejemplo con compañía de la ética o la ciencia.
Seguramente que se puede reconstruir sobre las ruinas, pero antes hay que limpiar el sitio y eso pasa por reformas políticas, económicas, sociales y por la acción. Los problemas estructurales impedirían la construcción de una nueva sociedad. Al final se trata de formar valores éticos para una sociedad laica, en la cual quepan todos, incluso aquellos que no tienen ninguna religión.
