Punto de Vista

Mario Tassías

Las religiones han sido durante siglos, fuente común de las creencias que mueven al mundo. Religión es ese conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. Llámese judaísmo, cristianismo, islam, budismo, hinduismo, taoísmo o confucionismo, la religión mueve a dar al Dios que ostenta diversos nombres, darle el culto debido. Existen confesiones en el mundo, que se sostienen con un ser superior de inexplicable presencia, con poderes divinos y del cual encuentran una definición, solo matizada por la fe. Definitivamente este no es el lugar y ni el espacio propicio para discutir sobre cada una de las religiones y sus derivaciones. Solo como ejemplo baste decir que el judaísmo, por citar al primero de la lista arriba mencionada, tiene tantas variantes como judaísmo ortodoxo, reformista, conservador, progresista (liberal) y reconstruccionista, eso nos da un atisbo en la magnitud de la empresa. Por otra parte, sería insolente atreverse a discutir el origen y sustento de cada una de estas manifestaciones donde está presente el dogma y la fe. Tampoco se trata de negar la existencia de un dios, en cualquiera de sus expresiones.

Valga el espacio para entender que cada una de las mencionadas y otras que no se aluden por ahora, sostienen las creencias de la humanidad en las zonas territoriales de los cinco continentes. Ahí están, han estado presentes, y han influenciado en el desarrollo o retroceso de la humanidad. Por cierto el judaísmo la religión del pueblo judío se remonta hacia dos milenios antes de la era cristiana en Canaán, parte actual de Israel.

Estas y otras muchas expectativas despiertan el coloquio “Valores para la sociedad contemporánea”, promovido por la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, que inicia el día 23 y concluye el 27 de agosto, y que invita pensar. Y es que se subraya con anticipación una pregunta que inquieta y obliga reflexionar sobre las creencias y la influencia de los dogmas de fe. Desde la duda: ¿En qué pueden creer los que no creen? Pueden surgir inquietudes para revalorar el andar actual de la humanidad.
La idea central del coloquio es abrir una discusión informada, adosada a uno de los temas centrales del mundo contemporáneo. Es una posibilidad para repensar el presente. Es una oportunidad para manifestar la intranquilidad que provoca saber que muchos de aquellos valores asumidos en obediencia impulsada por la fe ya no encuentran sentido en el mundo actual. ¿Realmente existe la necesidad de plantear un sistema de valores y una ética adecuado a nuestros días, no necesariamente relacionado con la religión?

Si es así ¿En qué proporción debe influir en las decisiones fundamentales del ser humanos y en qué medida se compromete a la sociedad?

Analizar las raíces conceptuales de los valores tradicionales y las tradiciones intelectuales, podrían aportar elementos para una ética acorde a nuestro tiempo, adelantan los organizadores. En un ejercicio introspectivo habrá que estar atentos cuando se aborden cuestiones relacionadas con el principio y el fin de la vida. ¿Qué aporte tiene la ciencia respecto del principio de la existencia del ser en el útero y cuándo realmente concluye la vida?

La evolución nos ha encontrado en el camino pedregoso de la insatisfacción. ¿Qué originó la vida en el planeta? ¿Cómo se desarrolla la mente? ¿Qué es la conciencia?
¿Hasta dónde debe permitirse la experimentación que propone la ingeniería genética, o la interrupción del embarazo? ¿Qué decir de las nuevas tecnologías reproductivas y la diversidad sexual? ¿Qué connotación tienen la eutanasia y otras formas de muerte asistida?

¿En pueden creer los que no creen? Se dijo que las religiones son fuentes de creencias. Frente a una sociedad que cada vez, las cuestiona más en busca de respuestas, será interesante conocer los resultados del coloquio “Valores para la sociedad contemporánea”, vale la pena porque: “Así como el hierro se oxida por falta de uso, así también la inactividad destruye el intelecto” dijo alguna vez Leonardo da Vinci.

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