Mario Tassías
¿Qué palabra es mejor que el silencio? ¿Qué emoción es mejor dentro de un alma rebelde? Cuando no existen repuestas es mejor permanecer callado y observar, en este momento, razonar ayuda muy poco.
Y es que la vida ahí está, para vivirla o sufrirla. Afortunadamente para los menos pesimistas la vida no es solo blanco y negro, es un arco iris terrestre mucho más complejo que el que aparece en el cielo causado por la refracción o reflexión de la luz solar.
El más reciente libro de Eduardo Galeano, (nacido el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, Uruguay) “Espejos: una historia casi universal” de editorial Siglo XXI, reúne 600 relatos sobre el devenir del mundo, “es una confrontación entre el Sur y el Oriente del mundo, entre la pobreza y los privilegios que nos dividen” (o nos acercan según se vea) afirma su editora. Galeano “hace un esfuerzo literario interesante para mostrarnos todos los rostros de la historia de la humanidad”.
Desde el ya lejano 1971 que apareció el libro “Las venas abiertas de América Latina”, que leí gracias a Becky Álvarez del Toro, pasando por las galardonadas con el Premio Casa de las Américas, “La canción de nosotros” de 1975 y “Días y noches de amor y de guerra” de 1978, cruzando por “Memoria del fuego” obra en tres tomos que se acerca a la década de los 80, incluido “El libro de los abrazos, de 1994, el escritor se ha empeñado en mostrarnos un mundo atrapado en un sistema mundial dominado por los poderosos, influenciado por el racismo, el machismo, el elitismo y el militarismo que nos ha envuelto para volvernos locos o suicidas, en algún momento estas dos palabras se vuelven sinónimas.
¿En qué momento perdimos la objetividad? Autor de quién sabe cuántas crónicas Galeano es un ser inquieto. En una entrevista realizada en Madrid por Armando G. Tejeda Corresponsal de La Jornada con motivo de la aparición de “Espejos: una… ” Dice que esos 600 relatos viajan sin límites, sin fronteras. “Y van y vienen por el mapa del mundo y por el del tiempo. Recogen experiencias. “Sobre todo recoge las preguntas que yo me he ido formulando a lo largo de mi propia vida. “Desde que era chiquito e iba a la escuela y la maestra me decía que el vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio los dos océanos desde una cumbre de Panamá. Y yo levantaba la mano y le decía: ‘Señorita, señorita, entonces los que vivían ahí eran ciegos’. Y ella me echaba de la clase por insolente.
¿Qué palabra es mejor que el silencio? Aquella que responde a las preguntas insatisfechas de la niñez, sin edulcorantes, abiertas, precisas. Vale la pena vivir con los colores del arco iris terrenal al que alude Galeano. Acaso eso permita acercarnos a la objetividad sin ser los objetos para ignorar lo que ocurre en nuestro globalizado globo, ¿no puede ser o no debería ser de otra manera?
En “El libro de los abrazos” Galeano dice que el mundo es un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
“Espejos: una historia casi universal” es una oportunidad para reflejar ese rostro, o más bien esa vida que vivimos todos los días.
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