Mario Tassías
En el libro “Los mil y un velorios Crónica de la Nota Roja en México”, (2ª edición, Asociación Nacional del Libro, 2009) y cuya 1ª edición se editó en 1994, Carlos Monsiváis dice que: “… en rigor y por atender a la demografía funeraria debería llamarse Los cien mil y un velorios. En quince años, el cambio mayor es la emergencia feroz, a momentos militarizada, del narcotráfico, que modifica radicalmente el sentido de la nota roja y los traslada casi a diario al altar de las ocho columnas. Desaparece la singularidad de los asesinatos y de los asesinos, y la masificación del delito es, también, la deshumanización masiva”.
En la nota preliminar, el autor, se pregunta “¿Es la nota roja una gran novela colectiva, con episodios culminantes como hitos de la pequeña historia? Para acercarme, muy parcialmente, al fenómeno, he intentado una crónica de la nota roja en la Ciudad de México en el siglo XX (sé que al hacerlo reincido en la actitud centralista y de antemano me disculpo con los esfuerzos homicidas en las regiones)”
Al hacer un balance inicial del contenido del volumen de 197 páginas, que los editores obsequiaron el 12 de noviembre de 2009, con motivo del Día del Libro, el escritor adelanta: “Me he guiado por la selección de aquellos casos a cuyo desvanecimiento se oponen los recuerdos obsesivos, los míos entre otros y he leído diversos cronistas, entre ellos al notable Güero Téllez, el perseverante David García Salinas, Francisco Pulido, Fabián Ruiz, Ana Luis Luna, Víctor Ronquillo, Victoria Brocca, Myriam Laurini y Rolo Díez. He dejado de lado, por razones de espacio, las realidades y leyendas del penal de las Islas Marías, y expedientes extraordinarios como Lola la Chata, Ramón Mercader, el asesino stalinista de Trotsky, las Poquianchis, los dinamiteros fallidos Emilio Arellano y Paco Sierra y el exluchador Pancho Valentino que asesinó al sacerdote Fullana Taberner”.
El cronista señala: “El tema avasalla, cualquier aproximación es limitada, y sólo quise dar constancia de la perdurabilidad de un género, y su relación feroz y entrañable con la sociedad”
Entrado en materia el libro parte desde el virreinato en donde por razones políticas y religiosas, algunos episodios del Tribunal de la Santa Fe o anécdotas de la vida cotidiana reaparecen como leyendas de fantasmas y aparecidos, o como relatos infantiles. Pasa por la institucionalización del hampa. Llega a la fascinación de las masas: las publicaciones de Magazine de Policía al género ¡Alarma! Hasta comentar que falta un análisis del desarrollo de la “sed de sangre” de los narcos. Su frenesí homicida se centuplica y, con él la gana de superar cifras y de inscribirse en el récord Guinness de los asesinados en un solo día.
Monsiváis cuenta que se ha desatado la guerra entre cárteles, con un costo altísimo de vidas y con la intervención, de un lado y del otro, de la policía y la Policía judicial. Han surgido personajes de una violencia atroz, como el Pozolero don Teo, detenido el 24 de enero de 2009, que en un galpón de Tijuana y a lo largo de una década, disuelve cerca de trescientos cadáveres en grandes ollas con ácido. Se extienden los secuestros, que vuelven invisibles zonas del campo y las ciudades.
“Si el narco le trae al país hartas divisas, en los espacios de la riqueza y de la pobreza la “indiferencia moral” – algo cercano a la crisis de valores pero de ninguna manera su sinónimo – se esparce y la gente de las colonias, los pueblos y la periferia de la ciudades ve lo que ocurre sin inmutarse, o sin inmutarse al punto de la denuncia. ¿Qué van a hacer si los encargados de combatirlos resultan sus más elocuentes promotores? ¿Qué van a hacer si en tantísimos ambientes la moral es un desprendimiento del modo de vida? La gente se asoma a los palacetes de los narcos, identifica sus automóviles, se ríe (más bien se reía) al oír los cantares de anti-gesta, ve las películas y condesciende relucientemente con su irrealidad”
El libro, del que se editaron 50 mil ejemplares, nos muestra un país que está en guerra, una guerra que la sociedad va perdiendo. “¿Existirá alguna vez el epílogo o éste también ha sido víctima de una levantón?” Concluye el autor.
