Mario Tassías
Con toda seguridad que los fumadores encuentran placer en echar humo por la boca y por la nariz. Algunos expresan que les da altura. Otros más dicen que fumar distingue. “Después de un buen taco un mejor tabaco”, indica un refrán. Lo cierto es que quienes fuman se aferran a no perder un privilegio que contagia a los que no fuman.
Y es que ellos pueden fumar todo lo que quieran, pero… los que no, ¿por qué soportar el humo que produce el tabaco quemado? Unos y otros tenemos derechos y obligaciones. Ellos y ellas a atentar contra su salud, contaminar sus pulmones y demás órganos a favor de su adicción y los no fumadores a evitar ese contagio.
Hay miles de historias acerca de gentes que han intentado quitarse del vicio, algunos lo han logrado, otros recaen.
Conozco el caso de un amigo abogado con severas crisis de tos, sus visitas al médico cada vez son más frecuentes. Es un tipo que apenas sale de la clínica y su primera acción es prender el cigarrillo que el medico le prohibió fumar dentro del consultorio. Hay ocasiones en que la razón no enseña nada.
El doctor Nicholas Christakis, sociólogo médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard ha dicho en una nota periodística de Prensa Asociada y que aparece publicado este jueves 22 de mayo de 2008 en el New England Journal of Medicine que “El impulso por fumar es contagioso, pero al parecer dejar el hábito también” y esta pudiera ser una solución para quienes no pueden dejar el hábito por los cigarros.
Según este estudio la conducta del fumador depende no sólo de la propia conducta, sino también de las personas que el fumador conoce, “Un fumador tiene más probabilidades de dejar el hábito si lo hacen un cónyuge, un amigo, un colega de trabajo o un hermano”, a fumar se aprende por remedo, dejar de fumar también se puede imitando.
Seguramente usted conoce a más de uno que defiende su derecho a fumar, el caso más sonado se refiere al amparo promovido por los exsenadores panistas Diego Fernández de Cevallos y Fauzi Hamdan y Salvador Rocha Díaz, ex diputado federal priísta, contra la ley antitabaco del Distrito Federal, quienes argumentan que la ley antitabaco es inconstitucional, pues atenta contra las garantías de igualdad, de no discriminación y de legalidad establecidas en la Carta Magna, pues a los fumadores se les da un trato de infractores e incluso, de delincuentes, y se les priva de su irrefutable e innegable derecho a fumar.
Las garantías de igualdad a las que hacen referencia los exlegisladores están contenidas en los artículos l°, 4°, 12 y 13, en donde se establece la prohibición de la esclavitud y de la discriminación fundada en motivos de origen, género, edad, condición social, la igualdad entre el varón y la mujer, la prohibición a la concesión de títulos de nobleza, prerrogativas y honores hereditarios a cualquier persona que se encuentre en el país y la disposición de que nadie puede ser juzgado por tribunales especiales ni por leyes privativas entre otras.
La juez del Juzgado Cuarto de Distrito en Materia Administrativa que negó el amparo destacó la defensa a la salud de los que no fuman como el bien tutelado por la ley, dijo en su resolución que al inhalar involuntariamente el humo de cigarro se generan efectos fuertemente nocivos para la población.
Una ley que prohíbe fumar en determinados lugares hace una distinción entre dos tipos de personas, sin embargo, por la salud, deberíamos luchar todos, a pesar de que todo el mundo esté convencido de tener suficiente razón para defender su derecho.
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