Punto de Vista

Mario Tassías

La ignorancia es atrevida y cruel, indica un refrán español. Se explica por sí solo. Hay miles de ejemplos en donde el atrevimiento y la crueldad son sinónimos de quienes no tienen cultura o instrucción, como preferirían llamar los puristas. Quien es inculto es desaliñado, grosero, ramplón, burdo, rudo, agréguele a esta lista los epítetos que considere. En convenio con la concordia Einstein decía que: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas” y el cuate de mi pueblo en ejercicio de su ironía, diría “aunque somos tontos, no carecemos de ignorancia”

“Ser inculto cuesta caro… y no en sentido figurado” ha dicho al dar una conferencia magistral el filósofo español Fernando Savater. Es una frase hecha. Recurrente, cuando se trata de ubicar en contexto, el accionar de quienes atrás de una actitud burda imponen sus ideas y peor aún, su accionar. Por algo Balzac decía que “La ignorancia es la madre de todos los crímenes”.

El reto que deberíamos afrontar es cómo superar eso que nos falta para no ser incultos. Por supuesto, no debería ser asunto de prioridad inmediata, pero sí de atención constante. Saber lo que no se sabe es un primer paso en ese complejo mundo en donde la vanidad tiene un enorme rival, llamado humildad. Y es que el ignorante, afirma o niega, contrario al científico que duda. Cómo decía Tomás Alva Edison “No sabemos ni un cienmillonésimo de nada”. El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.

El autor de “Ética para Amador” ha enfatizado que la vida se vuelve cara cuando el ignorante llena con cosas que tiene que comprar, el vacío que lleva dentro. Los cántaros, vacíos, producen ruido, no otra cosa. Sirven como decoración. Ornamentan, embellecen, pero nada más. Y ha dicho más. “Las personas incultas como esos países que importan todo de fuera porque no producen nada; no saben mantener una conversación o disfrutar una puesta de sol, de un libro o del silencio”.

Lo esencial no se puede apreciar con la mirada, hay que recrearlo con el corazón y el corazón se abre desde adentro. La cultura es alegría de vivir, de encontrar esparcimiento aún en esas pequeñas cosas, entendidas como todo lo que existe, sea real o irreal, concreto o abstracto. Como aquello que se piensa, se dice o se hace, acontecimientos que afectan a una o varias personas. Eso que pudiera parecer insignificante, y que unido entre sí, en sentido positivo alcanza la excelencia.

La cultura es reflexión, amplitud de miras. Es vencer el miedo a pensar. Cultura es todo lo que producimos los humanos, por ello la gente no debe tener miedo a la filosofía y el aura intimidatoria que conlleva, “… la ciencia de ciencias que habla de la naturaleza, el amor, la muerte, la libertad, la justicia y todo lo que nos rodea”, es un excelente motivador para cultivar el pensamiento, ese que es resultado de modos de vida y costumbres de una época.

Cuando se piensa, se incrementa la fuerza para cumplir necesidades básicas. Convierte en deleite aquello que pudiera pasar como insignificante. Le da sentido a la vida, nos desarrolla cívica y políticamente. Jugar la vida significa reproducir lo esencial. Pensar es un ejercicio que en algunos pudiera producir dolor, pero también placer y responsabilidades que bien asumidas, agrega satisfacción.

Si deriváramos al terreno político, la incultura de los electores ha permitido que tengamos los representantes, que nos dan pena y penas. Quiero decir finalmente que, en nuestras manos está modificar el estado de cosas que nos preocupan, nos humillan o nos satisfacen. De ese tamaño es la extensión de pensar, de esa dimensión es la influencia de la filosofía en nuestra coexistencia.

¡Comparte la nota!