Mario Tassías
“Juigalpa Tierra de caracoles” (Luvaxi, Tuxtla Gutiérrez, 2009) de Jorge Eliécer Rothschuh, es un libro que tiene que ver con Chiapas. No solo por lo que en el volumen describe. Uno recuerda lo que conoce y de las letras del autor surgen imágenes de pueblos de la costa del Pacífico chiapanco. Los de Juigalpa, son paisajes similares al que tienen los lugares de esta frontera con América Central.
Juigalpa “Criadero de caracolitos negros”, “Gran ciudad” o “Lugar abundante de jícaros”, según otros, es capital del Departamento de Chontales en Nicaragua. Se localiza a 139 kilómetros de Managua, entre la costa nororiental del Gran Lago de Nicaragua, la Cordillera de Amerrisque y los valles que traza en su descenso hacia el lago. Se ubica a 116 metros sobre el nivel del mar. Clima cálido y seco. El nombre del Departamento de Chontales se deriva del vocablo indígena náhuatl chontalli, que significa “pueblo de afuera” o “pueblo de extranjeros o bárbaros”.
Dedicado a sus papás María Elba Villanueva Suárez y Guillermo Rothschuh Tablada, “Juigalpa Tierra de caracoles” es un libro íntimo que sale a la calle a propagar las historias de un pueblo probablemente fundado en 1659, “… habitado de argumento y motivos universales”, escribe el autor ligado a la tierra donde asumió la conciencia de su tránsito terrenal.
Jorge Eliécer, elige la crónica, recurre al ensayo y muchas más a la anécdota para contarnos de las calles llenas de polvo y lodo donde viven “Románticos criadores de vacas, hacedores de quesos frescos y albardas de cuero crudo (que) se reprodujeron junto a la troje y el calor del comal…” En su afán de describirnos escribe sobre “… paisaje de trovadores que cantan sin temor a vastedades deificadas por cielos paganos”.
El libro tiene mucho de añoranza, de identidad. De reencuentro. El autor salió de Nicaragua, hace dos décadas. Vive en la capital de Chiapas. Formó familia. Aquí se mexicanizó. Sin embargo, sus recuerdos están “… en la casona que la tía Paula Villanueva había regalado a curas ociosos del pueblo. En ese lugar fundaron el Instituto Nacional de Chontales”. Con frecuencia se halla en la calle Palo Solo al lado de sus hermanos Guillermo, Luzana y Vladimir.
En La era de la oscurana, el autor dice: “Jalo el cordel y reviso sartas de buenas y malas pertenencias obtenidas en diferentes épocas. Íngrimo paseante dragaba márgenes que gozaron mis años ornamentados con paseos sin rumbo. Busco la risa y el despojo de las calles nocturnas, el hábito del atardecer de muchachas gloriosas reclamando reflejos infinitos. El cielo de Juigalpa mudaba estrellas cada noche. Se desgajaba el aire por la albarrada de Amerrisque a despercudir alborotos, en cada esquina se revolvían las luces de la mezquindad,…”
Por ejemplo, para mostrarnos una imagen cotidiana, recurre a una fotografía cargada de reminiscencias: “La domesticidad alcanzó a reproducir el canto del bosque, la algarabía de los matorrales y la espesura de la selva. Cenzontles, chiltotes, alcaravanes, tortugas, loros y palomas engrandecieron nuestra casa, vastedad capturada en un trozo azul, igual al que dilucidara el poeta en el sueño de las estrellas”
Con una estructura normada por títulos como Cricho alegraba las tardes; Entre espolones y crestas recortadas; El hijo del espíritu santo; Un andariego descalzo; La casa de Afrodita; Instantes instancias instantáneas o La era de la oscurana; Jicarito toca el trombón; Chayüeyito y Chagüeyón; Diciembre huele a madroño; El hombre que apuñaló al trabajo; Lamentos nocturnales y Tarde de circo, entre otros, el también poeta hace cuenta de los personajes de su pueblo en donde no siempre ganan los buenos. En su lista incluye a los mejores y a los indispensables. Acaso postergó a otros.
Obvio, con este libro Rothschuh recupera su infancia. Su pasado es presente. En su realidad pervive la ficción.
El libro fue impreso en diciembre de 2009 en Tuxtla Gutiérrez, por Ediciones Luvaxi, El diseño de cubierta es de Víctor M. Villalobos H, la foto de cubierta de Aarón Ramírez Velázquez y la formación de Alberto Yamasaki Maza.
