Mario Tassías
Pero que necesidad de echarle gasolina al fuego. La aparición pública a través de un libro del expresidente Carlos Salinas de Gortari, nos comprueba una vez más que el poder es una droga que crea adicción. Abraham Lincoln decía que “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.
No valdría la pena ocuparse del tema si solo se tratara de un libro tipo “La diferencia, Radiografía de un sexenio” en donde Rubén Aguilar y Jorge G. Castañeda tratan de reivindicar y terminan exhibiendo la ineficacia del expresidente Vicente Fox. No Salinas es mucho más taimado.
En el libro “La Década Perdida” que empezará a circular la semana que inicia, Salinas, reivindica su pasado con un presente que en su momento le tocó construir.
Por supuesto que al igual que el clásico insensato, la culpa de lo que está pasando ahora en México, es error de quienes le sucedieron Ernesto Zedillo Ponce de León y de Vicente Fox, pero también Andrés Manuel López Obrador a quien culpa de ejercer en el Distrito Federal un gobierno irresponsable al califica como de “populismo autoritario”.
Es cierto que en las décadas que gobernaba el Partido Revolucionario Institucional el Presidente de la República reinaba a placer. Era casi un semidiós. Salinas lo fue y en su momento su vanidad le llevó a tomar medidas que marcaron el destino de millones de mexicanos.
En el libro, Salinas dice sin mencionarlo que Zedillo propició el saqueo en el Fobaproa aquel “instrumento de contingencia para enfrentar crisis financieras” que, entre otros efectos, llevaba a la falta de liquidez del sistema bancario y tras el anuncio de la desincorporación de las instituciones de crédito, el gobierno de Salinas instituyó en 1990. Era un fondo de contingencia para enfrentar problemas financieros extraordinarios. Que en términos llanos sirvió par enriquecer a los ricos y empobrecer más a los más empobrecidos.
De Andrés Manuel López Obrador, Salinas lo señala como miembro de la vieja guardia PRI, del cual hay que reconocer el tabasqueño formó parte. Dice que no es un político de izquierda, sino un populista que tomó recursos públicos para promover su imagen, financió su campaña para la Presidencia y causó la crisis que actualmente vive el Partido de la Revolución Democrática.
El libro pretende ser una alusión a trabajos de especialistas que se refieren a los procesos de privatización de las empresas del Estado, en las devaluaciones y el levantamiento de las barreras a la entrada de productos del exterior. Pero que también refiere la actitud de la población.
Salinas nada original se refiere en su libro a un término empleado para designar un período de estancamiento y que se utilizó por primera vez en Gran Bretaña para designar al período de la posguerra (1945-1955). Se volvió a usar para describir la depresión económica de América Latina en la década de 1980, y más tarde para describir los diez años que siguieron al colapso económico japonés, en la década de 1990. La década perdida: imagen 24 x 1, también en un libro de Gustavo García, editado por la Universidad Autónoma Metropolitana – Atzcapotzalco dentro de la Colección Serie Cuadernos Temporales 13 publicado en el año 1986 que es un ensayo crítico sobre el cine mexicano de 1950 a 1959.
Sin embargo, servirá para abrir heridas y colocar nuevamente al expresidente Salinas en primer plano quien sabe con que perversas intenciones.
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