Punto de Vista

Mario Tassías

Decía mi maestro que la mejor vacuna contra la ignorancia es la información. Pero si la información llega adulterada, la mejor cura es la investigación.
Con ello, nos invitaba a no quedarnos con la versión que sobre la materia se exponía en el aula. Era una manera sutil de decirnos que más allá de nuestros ojos y de nuestro entendimiento, hay un universo tan inmenso que está puesto para ser descubierto.

La información es un bien que altera los patrones de conducta. Alegra o entristece según el caso. Trastorna el entendimiento. Perturba lo cotidiano, rompe rutinas. Lo que se nos ha dicho sobre la influenza humana, es un ejemplo que ha provocado confusión, nerviosismo, preocupación en un coctel de sabores y colores diferentes que no se pueden asimilar fácilmente.

En la actualidad, solo quien no tiene ganas de informarse o no cuenta con los medios para lograrlo, permanece con una sola versión de los hechos. A cual más, existen medios para informarse.

Afortunadamente, ya no solo hay que ver la televisión o leer los periódicos para saber más de los acontecimientos que mueven el mundo. Es relativamente fácil buscar fuentes fidedignas para contrarrestar la adulteración de las cosas.

Los sitios de Internet de instituciones y personajes que contribuyen con su esfuerzo al desarrollo de la humanidad, tienen espacios para recrear la curiosidad y nos permiten en muchos de los casos gratuitamente, tener la ventana abierta para el libre flujo de la información. Movidos por la curiosidad podríamos llegar a sitios no recomendados, pero es un riesgo que la investigación provoca.

Ahora con la contingencia sanitaria provocada por el virus A (H1N1), los televidentes principalmente han recibido cualquier tipo de información que pareciera que cada vez se sabe menos de lo que se debería saber más.

Desde el medio, que lleva la cuenta de las víctimas fatales como si con ello se resolviera el problema, como aquel otro que trivializa el tema, salvo excepciones, la contingencia sanitaria que afecta al país, ha ido desde lo superfluo a lo estrictamente necesario.

En los últimos días han ocurrido que millones de televidentes han sido víctimas, una vez más, de la falta de ética de quienes frente a una cámara o un micrófono dicen lo que debieran callarse. Un proverbio hindú enuncia, que si lo que tienes que decir no es tan hermoso como el silencio, es mejor que permanezcas callado.

Ante este panorama que no es por mucho tan desolador, pero tampoco es para celebrar una fiesta. Debería ser un motivo para unirnos y enfrentar el momento.

Muchos, en actitud pasiva, estamos a expensas de los funcionarios que sin pudor, se hacen portadores de una verdad universal, cuando se sabe que ocurren casos que un poco más tarde, las circunstancias obligaran a desvelarlos.

Ocultar información, ha sido práctica de gente sin escrúpulo, que con el pretexto de no provocar pánico se guarda para sí lo que debiera ser para la comunidad.

Es un derecho inalienable el que la sociedad esté informada. Al negar información, se incurre en un delito de lesa humanidad. Se juega con los sentimientos. Se aprovecha de la ignorancia. Quizás por que no hay castigo administrativo en peculio, algunos funcionarios ocultan la verdad para ensoberbeceré de un poder que solo es imaginario.

Uno tiene que asirse con lo que cuenta para seguir viviendo la vida. No hacerlo es contrarrestar el flujo de aliento que nos mueve a existir.

El día 4 de mayo a las seis de la tarde la Organización Mundial de la Salud en su página en inglés http://www.who.int/csr/don/2009_05_04a/en/index.html reportaba que la Influenza A (H1N1) confirmaba en México 590 casos de infección, incluidas 25 muertes.

Otros países ratificaban los efectos de la epidemia y se mostraban listos enfrentando la contingencia.

La misma organización con enlace al portal http://www.prevencioninfluenza.gob.mx/ sintetiza la conferencia de prensa del Secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, en la que “informó que del total de pruebas realizadas se confirmaron 727 casos, de los cuales 701 corresponden a personas que se encuentran vivas y 26 casos a defunciones”.

Sirva lo anterior para ejemplificar la alusión inicial a la información.

Con todo respeto, permítame preguntarle ¿De dónde obtuvo usted los datos que tiene sobre la influenza? ¿Quién le hizo llegar la información? Si hay confusión, es el momento para emprender un camino que más de una vez resulta estimulante.

El camino de la investigación se nutre de quienes tienen dudas. Quienes ya lo saben todo, no necesitan saber más.

Ellos y ellas no necesitan subirse al tren de la curiosidad, porque ellos y ellas ya llegaron.

comunicologo10@yahoo.com.mx

¡Comparte la nota!