Punto de Vista

Mario Tassías

Que Chiapas sea la sede para que expertos se reúnan a examinar las llamadas “enfermedades de la pobreza” o diplomáticamente nombradas por la Organización Mundial de la Salud, como “enfermedades no atendidas”, tiene una connotación social y política, más allá de las conclusiones de los investigadores.
Las enfermedades de la pobreza son aquellas que hacen más profundo el surco de la desigualdad entre los que tienen y los que casi o nada poseen.

Son consecuencia de la pobreza, la desigualdad y la marginación, son retratos de los más rezagados del país.

No hay que ir muy lejos para saber que una de las principales afrentas que sufre un ser humano, es el relacionado con la falta de salud.

Constitucionalmente, en nuestro país está “prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud…”, entre otras garantías individuales que deberíamos gozar.

Por supuesto, que la realidad nos enfrenta todos los días con el texto plasmado en nuestra Carta Magna.

El ordenamiento supremo de nuestro país dice más con relación al tema que hoy nos ocupa: “Para abatir las carencias y rezagos que afectan a los pueblos y comunidades indígenas, dichas autoridades, tienen la obligación de: III. Asegurar el acceso efectivo a los servicios de salud mediante la ampliación de la cobertura del sistema nacional, aprovechando debidamente la medicina tradicional, así como apoyar la nutrición de los indígenas mediante programas de alimentación, en especial para la población infantil”. La vulnerabilidad no es discriminatoria, es en los más débiles donde se manifiestan las carencias en poblaciones de Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

Desde la constitución el artículo 4º establece que: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la federación y las entidades federativas en materia de salubridad general, conforme a lo que dispone la fracción XVI del artículo 73 de esta constitución”.

Documentos de la Secretaría de Salud, revelan que en nuestro país, en 2008 hubo mil 812 fallecimientos de menores de un año por bajo peso al nacer, “prematurez” o desnutrición calórico-proteica dicen los especialistas.

Esos son los registrados. Más aquellos que no alcanzan a significar un número en la estadística. La misma SS ha indicado que por lo menos 170 mil personas padecen algún grado de desnutrición, clasificada en tres niveles: leve, moderada y severa. Los más frágiles son los niños.

Lamentablemente la desnutrición no es la única de las enfermedades no atendidas. Existe una lista que en la que se incluyen el dengue clásico y el hemorrágico con incidencia en las zonas calurosas y que pueden prevenirse con no dejar que los mosquitos transmisores se reproduzcan. Veracruz, Morelos, Guerrero y Chiapas son las entidades con la mayor cantidad de casos confirmados de esta enfermedad.

Otro padecimiento que creíamos erradicado es la que comúnmente se le conoce como paludismo, fiebre palúdica o malaria, resulta que sigue siendo un peligro potencial. Expertos señalan que es la que más muertes ocasiona.

Datos del Segundo Informe de Gobierno, en septiembre de 2008, indican que hubo mil 330 casos de paludismo vivax. Los estados con mayores tasas de incidencia por cada 100 mil habitantes en ese año fueron Chiapas, Oaxaca, Chihuahua y Sinaloa.

Es un buen deseo el que los especialistas estén aquí, en la Primera Cumbre Ministerial Mesoamericana de Salud, sean bienvenidos. Ojalá los resultados encuentren una cura a esos rezagos que les ocupan y que a nosotros nos preocupan.

Por decreto es imposible erradicar la pobreza, principal factor de la incidencia de estos males. Pero es obligación de los que saben, dedicar tiempo y esfuerzo a eliminar hábitos que faltan en las personas que tienen la desgracia de ser parte de los marginados de este país.

comunicologo10@yahoo.com.mx

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