Mario Tassías
Un fragmento del siguiente texto, me llegó por la vía de una distinguida lectora. Gracias por compartir.
Cuando los hijos se van, queda un vacío imposible de llenar. Nadie puede colmar ese espacio que mucho o poco tiempo estuvo ocupado. ¿Cuánto es mucho, cuánto es poco tiempo?
En cualquier circunstancias el adiós de un ser querido, inquieta. Es un momento difícil. Solo cuando ya no está se percibe la distancia.
El momento del adiós a los padres nos llega tarde o temprano, los hijos se van. ¿Cuándo es tarde, cuándo es temprano? Una metáfora.
Es difícil aconsejarle a un amigo(a) cuando te confiesa su tristeza. Su desasosiego por ese ser humano que nació de su vientre. Que se formó luego de aquel encuentro. Y que ha decidió emprender el vuelo. ¿Quién eres tú para decir lo que siente un ser dolorido por la próxima ausencia?
Los hijos crecen. Decimos que se van haciendo adultos. Para los papás son aquellos niños que acogimos entre brazos. Que más de una vez enseñamos a caminar. Que cubrimos de besos. Que te emocionaba. Que celebrabas.
Qué difícil es aceptar esa condición. Es difícil verlos crecer con la idea de que, un día que no aparece en el calendario para agendarlo, se irán. Es difícil asumir esa realidad. Es difícil.
Confuso entender que realmente no se van… es la vida que se los lleva. Has dejado de ser el centro, empiezas a pasar quizá a la siguiente circunferencia concéntrica del círculo que sirve de referente. Cuando eso sucede, él o ella tienen otro punto de atención. Ya no eres propietario, realmente nunca lo fuiste. Ahora eres consejero.
Has dejado la dirección, él o ella tienen su propio itinerario. Se han hecho cargo de sus vidas. No mandas, ahora acompañas. Ya no proyectas, respetas la decisión. Si te piden tu opinión acaso puedas dar un consejo y ellos seguirlo o valorarlo y desecharlo por inadecuado, peor aún, por anacrónico.
Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas. Ya les crecieron alas y vuelan. Les han brotado raíces que intentan aprisionar en otra tierra. Son frutos que maduraron en tu árbol. Semillas que quieren, deben reproducirse en una zona distante de ti.
Ya buscarán un amor que los respete, que quiera compartir sin temores ni angustias las altas y las bajas en el camino; que les endulce el recorrido y los ayude en el fin que quieren conseguir.
Y si esa primera experiencia fue equivocada, tendrán la sabiduría y la fuerza para soltarla y buscar otras experiencias. Es aquí donde debes sentirte tranquilo, tranquila, la vida nos da sorpresas, pero si la siembra de valores en sus primeros años fue lo suficientemente firme y en terreno fértil, significa que la cosecha deberá ser halagadoramente productiva. Aunque no siempre corresponden a las expectativas.
Así, otro amor les llegará para compartir sus vidas en armonía.
Tú debes estar consciente de que sus raíces ya no caben en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse, ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir.
Quieren crecer en otra dimensión, desarrollar su personalidad, enfrentar el viento de la vida, a la sombra del amor y al rendimiento de sus facultades.
Tienen un camino y quieren explorarlo; lo importante es que sepan desandarlo. Tienen alas y quieren abrirlas. Lo importante es el corazón sensible, la libertad asumida y la pasión a flor de piel. Que la rienda sea con responsabilidad y la formación, llena de luz.
Tú quedas adentro: En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón.
Tú quedas atrás: En la estela luminosa que deja el barco al partir. En el beso que le mandas.
En el pañuelo que los despide. En la oración que los sigue. ¡En la lágrima que los acompaña! Tú quedas siempre en su interior aunque cambies de lugar.
Haz su vida tan feliz, que cuando partan, sólo piensen en regresar, aunque sea para tomar tu mano y estar junto a ti.
Disfruta tus hijos mientras puedas… Eres el arco que ha lanzado sus flechas. Entre más fuerte se la tensión entre la cuerda y el arco. Más lejos llegarán.
comunicologo10@yahoo.com.mx
