Por Rosalino Ortiz
LOS CONTRASTES
Tapachula, Chiapas 27 de diciembre de 2010.- Al concluir este año, en México se registra una serie de contrastes, que a más de uno dejan con la boca abierta. Primero, es incuestionable la crisis que impera en el sector medio hacia abajo. Las familias que anteriormente tenían lo suficiente para vivir con tranquilidad, hoy en día son blanco de limitaciones. No se diga de las clases populares o las vulnerables, donde ni siquiera para comer les alcanza, mucho menos que esos sectores puedan disfrutar de lo mínimo o tener lo indispensable.
Sin embargo, vea usted, la Arquidiócesis Primada de México acaba de emitir una declaración, donde asegura que a pesar de la crisis que se vive en todo México, la Iglesia acaba de registrar incrementos en sus recaudaciones vía alcancías o urnas donde la gente católica, de buena voluntad o buen corazón, deposita sus limosnas, tal vez con el ánimo de reparar fallas, o de limpiar el camino hacia el cielo.
Sin embargo, la Iglesia tiene otra vía de ingresos: Los servicios. Efectivamente, los servicios cada día son más caros. Antes, los costos de una misa, un bautizo, una boda estaban al alcance de la mano. Ahora ya hay que pensarlo dos veces porque las cuotas se han vuelto un tanto prohibitivas. Asimismo, se ha visto que una misma misa, por ejemplo, se la venden a cinco, 10, 15 y hasta 20 personas, lo que deja excelentes ingresos. Todo eso influye a que, a pesar de la crisis, la Iglesia eleva sus ganancias.
Otro contraste se ha visto con los alcaldes. Antes, la gente pedía a gritos que determinado alcalde no se fuera, que siguiera en su puesto, gracias a las buenas obras, porque fue caritativo, buen hombre, trabajador y porque se preocupaba por el bienestar de la gente de su municipio. Tal vez a eso se deba que algunos repitan como alcaldes, como sucedió hace años en Metapa de Domínguez, donde Vitaliano López fue dos o creo que hasta tres veces presidente municipal de ese lugar.
Ahora es lo contrario. Lo que desea la gente es que el alcalde en turno y que está por concluir su mandato, que se vaya derechito al bote, por malo, por corrupto, porque no hizo nada, porque se clavó el presupuesto, porque jamás brindó atención, sea del partido político que sea, o de la familia que sea. Para la gente, contenta estaría si el despido de esos malos alcaldes se hubiera dado desde hace tiempo.
Por eso, los plantones, las manifestaciones, las mentadas de madre, los problemas de toda índole, afloraron en estos últimos días, sabedora la gente que el alcalde ya se va y que la dejó en el abandono, en el rezago, con deudas y con un montón de problemas sin revolver. En Mazatán, con el alcalde Carlos de la Cruz Alsur, es un vivo ejemplo. Ya se va, pero la gente dice: “que tiempo se hubiera ido”, demostrando que ya nada quiere saber de él por su “negro” historial como alcalde.
Otro contraste lo vemos con los indocumentados centroamericanos. Antes, llegaban a Tapachula (de paso al Norte) y ante la falta de dinero o de trabajo, hubo algunos que en lugar de buscar cómo emplearse o demostrar sus conocimientos de manera responsable, se dedicaron a la delincuencia, a robar, a asaltar, porque el hambre les apretaba, porque la desesperación cundía en ellos, o simplemente porque no les quedaba otra.
Ahora es lo contrario. Resulta que los sufridos centroamericanos, se han convertido desde hace unos meses, en las presas ideales para la delincuencia organizada, vía secuestros. No ha sido en Chiapas, pero en el Istmo oaxaqueño sí, lugar donde los secuestradores han hecho su agosto. Es decir, no sólo les roban su dinero, sino la delincuencia organizada va más lejos al privarlos de su libertad y pedir a sus familiares en El Salvador, Guatemala y Honduras, fuertes cantidades de dinero por su rescate o por su liberación.
¿Y qué les parece la afluencia de turistas guatemaltecos en Tapachula? Excelente. Ese es otro contraste, ya que hace años, eran los tapachultecos, o los mexicanos como dicen del otro lado, los que cruzaban el río Suchiate para ir a Malacatán, Coatepeque, San Marcos, Xela o a la capirucha guatemalteca. Eran tiempos en que por cada peso, al mexicano le daban un quetzal con 20 y hasta 30 centavos.
Ahora todo eso cambió. Por cada peso, los mexicanos apenas reciben 65 a 70 centavos. Por eso se ha limitado en mucho la afluencia de mexicanos en el país centroamericano. Por el contrario, son los chapines los que tienen ahora la ventaja, ya que por cada quetzal, en México reciben un peso con 20 y hasta 30 centavos. A eso se debe la presencia de los vecinos en Tapachula, a eso se debe que abarroten las tiendas de autoservicio, a eso se debe que el comercio tapachulteco pueda mantenerse.
Aquí, lo que queda es que se le dé el mejor servicio, la mejor atención a los turistas chapines. Eso lo deben entender todos, por la bonanza en la economía local que se genera (rosalino_ortiz@hotmail.com).
