Por Rosalino Ortiz
LA LXI LEGISLATURA FEDERAL
Ya está andando la LXI legislatura federal en el palacio legislativo de San Lázaro, en la ciudad de México, luego de haber sido conformada el pasado 29 de agosto, y que inició su primer año de ejercicio constitucional el pasado martes 1 de septiembre con la sesión de apertura, y que este jueves 3, apenas, celebró su primera sesión ordinaria. Ya empezaron los movimientos. De entrada, ocho mujeres (cuatro de ellas del PVEM) pidieron licencia “para dejarle esos espacios a los varones suplentes”, acciones que no fueron bien vistas porque, en primer lugar, se rompe la cuota legal de género, y en segundo, porque consideran que son abusos de los partidos al pedirle a las mujeres que dejen sus curules que ganaron legalmente en las urnas, y que se las dejen a quienes ni siquiera se despeinaron. Que eso es “vergonzoso, ilegal, mañoso, inmoral y poco ético”, se dijo.
Llegarán otros movimientos, pero lejos están los chiapanecos, concretamente los de la Costa, en ver reflejados sus votos en acciones a su favor, pues los diputados federales por esta región están metidos, de lleno, en otros asuntos y no en aquellos que la gente quisiera, como por ejemplo “escarbar” qué es lo que ha sucedido con las tantas denuncias de mal uso de los recursos, de los más de 11 mil millones de pesos invertidos en la reconstrucción, luego del Stan.
Es cierto, ya cayeron unos, pero no pasó de ser ex alcaldes que no supieron llevar bien sus cuentas, o que tal vez se les pasó la mano y no asignaron los recursos como debió haber sido. Ahora están pagando esos desatinos, lo mismo que algunos de sus funcionarios, como directores de obras públicas y hasta síndicos, que por el hecho de firmar, “aprobaron” cuentas indebidas. Pero estos son apenas los “chiquitos”, los de la parte más delgada del hilo.
La gente supone, y supone bien, que “más arriba” hay personajes que bien pudieron haber participado en la repartición, y que hasta el momento las autoridades “les han pelado los dientes”, ya que no los pueden pescar, vaya, ni siquiera involucrar en el robo más grande en la historia de la Costa chiapaneca, porque ni modo que quieran decir que los trabajos de reconstrucción hechos, valieron los 11 mil millones de pesos.
Sami David, del PRI; Carlos Martínez, del PAN, y José Manuel Marroquín Toledo, del PAN, van a ser los principales a quienes la gente les va a pedir cuentas sobre este asunto, ya que representan a los distritos con sedes en Tapachula, Huixtla y Tonalá, respectivamente, sin soltar al resto de la diputación chiapaneca pues al fin y al cabo, todos representan a esta entidad y en eso de la reconstrucción, la mala aplicación de los recursos afectó a todos los chiapanecos por igual.
Para Sami David, esta puede ser una buena oportunidad para el desquite, porque quien le ganó la carrera por el gobierno de Chiapas, en los primeros dos años de este 2000, no quedó bien parado que digamos en eso de la reconstrucción. Por el contrario, todo el mundo cree que el de Soyaló tiene mucho que ver y mucho qué decir, a dónde dio, asignó, envió, metió o simplemente repartió tanta lana.
Sami no puede hacerse del desentendido. La mesa la tiene puesta y aunque diga que él y su partido tienen otros asuntos de mayor urgencia qué atender, u otros proyectos que echar a andar en esta LXI Legislatura, lo cierto es que también el caso de la reconstrucción cuenta, y cuenta mucho como para soslayarla.
Ni modo que vaya decir el de Acapetahua, que no cuenta con el apoyo de las huestes priístas, si ahora los del tricolor son flamantes “primera minoría” en la Cámara de Diputados. Es cuestión simplemente de querer cumplir y que no vaya a quedar en puras declaraciones, como ha sido la costumbre de la mayoría de políticos, quienes a base de peroratas quieren componer el mundo, más cuando desean alcanzar algún puesto..
Pero los costeros no sólo esperan la respuesta de Sami David, de Carlos Martínez y de José Manuel Marroquín Toledo, sino de todos los demás diputados federales por Chiapas. Porque el compromiso es con esta entidad, y no sólo con el oriundo del municipio de Soyaló. Y por aquello de que algún diputado federal no sepa de quién se trata, o que se haga pato o menso y que diga que no sabe, aquí está su nombre: Pablo Salazar Mendiguchía.
Es cuestión, entonces, de esperar un poco. De momento solo son acomodos dentro del palacio legislativo de San Lázaro, pero no por eso la gente va a tener qué esperar a que pasen los tres años de ejercicio de la LXI Legislatura para que les rindan cuentas. Sí, ahorita a lo mejor es demasiado temprano, pero también una buena oportunidad para recordarles este compromiso con Chiapas y con los chiapanecos. Uno, como periodista, cumple con decirlo, con reiterarlo, falta que la diputación chiapaneca haga lo suyo (rosalino_Ortiz@yahoo.com.mx).
