Rosalino Ortiz
DESEMPLEO, FANTASMA QUE ANIQUILA
Una de las causas de la migración de gente hacia los Estados Unidos, es la falta de oportunidades en sus respectivos terruños, más si nos referimos a los países centroamericanos donde el fantasma del desempleo es fortísimo. Pero no vaya a pensar el lector que esta difícil situación es privativa de Centroamérica. No, nada de eso, ya que también los estados pobres de México contribuyen a hacer más grande la lista de paisanos que se van al Norte en busca de mejores estadios, en virtud de que aquí no encuentran cómo emplearse o cuando menos, cómo ganarse el pan de cada día. Una muestra palpable de ese fantasma que se vive en México fue la Feria del Empleo que se celebró apenas la semana pasada en el Palacio de los Deportes de la ciudad de México, donde quedó al descubierto que en sólo en la gran urbe, hay unas 230 mil personas que tienen donde trabajar, pero la convocatoria sólo disponía de unas 12 mil vacantes, lo que daba entender que sólo el 40 % de los desempleados podría alcanzar un “lugarcito” en las 173 empresas participantes y apenas siete instituciones públicas que acudieron a ofertar plazas.
Eso sucede en la ciudad de México, en donde los “buscachambas” registrados para asistir a la feria, tenían grados de escolaridad de todos los niveles, incluida la educación superior tales como contaduría, administración, ingeniería publicidad, mercadotecnia, enfermería, ventas, telefonía, recepción y asesoría financiera. Desde luego, no faltaron los de oficios técnicos o especializados, que era la gran mayoría, pero ni así pudieron emplearse ante las pocas plazas que fueron ofertadas. Así están las cosas en la ciudad de México.
Ahora, imagínese distinguido lector, qué puede suceder en entidades pobres, con rezagos ancestrales, con poquísima participación de empresas y sin la presencia absoluta de industrias, como Chiapas, por ejemplo, donde el empleo es por ende escaso. Por eso es que los chiapanecos que no tienen oportunidades en su terruño, prefieren marcharse a los Estados Unidos donde la oferta de los dólares cautiva al más pintado. Porque para ellos es preferible sufrir un poco allá, con los gringos, que seguir con la agobiante pobreza en México. Al menos, hasta ahora, así ha sido.
Durante el pasado sexenio, el de Vicente Fox, creó la oferta de los changarros, como un paliativo para que mucha gente encontrara cómo ganarse unos buenos pesos. Sin embargo, la medida no resultó positiva pues quienes hicieron caso y emprendieron esa oferta, tardaron más en abrir que en cerrar en virtud de que el león no fue como pintaron. A la hora de la verdad se encontraron con que o tenían el capital suficiente para iniciar una aventura de esas como tampoco quién los apoyara. Luego, quien lo tuvo, al final se encontró con el rebote de que no había a quién venderle.
En estas circunstancias, a la gente no le queda otro remedio que tomar uno de esos vehículos denominados “Tijuaneros” y emprenden el largo y tedioso viaje, primero para llegar a cualquier ciudad del Norte de México (Nogales, Laredo, Ciudad Juárez, Tijuana, etc) y estar allí unos días, para después cruzar la frontera e iniciar la aventura en el vecino país. Por supuesto, tienen que soportar el vía crucis con los mismos coyotes, con la Patrulla Fronteriza y a veces con los propios empresarios que los tratan sin misericordia alguna con tal de no pagarles lo que merecen los indocumentados.
En este devenir, la gente del campo es la que más opta por huir de las regiones pobres de México, de Chiapas, mejor dicho, porque en el lugar donde se venían desenvolviendo ya no tienen ninguna oportunidad. Como todo el mundo sabe, el campo prácticamente ya murió, pues ya no hay oportunidad de sembrar y cosechar el maíz, el frijol, el ajonjolí u otros productos como era en la época de los cincuenta, los sesenta, los setenta y todavía un poquitín en los ochenta. Todo eso ya terminó. Ahora los campos ya no reverdecen sino más bien se trata de zonas un tanto desérticas.
En Chiapas, el gobernador Juan Sabines Guerrero ha prometido recuperar el campo, pero después del engaño del que objeto el pueblo por parte del anterior gobernante, ya nadie lo cree así tal fácilmente. Cierto, los chiapanecos quieren hechos, no palabras, porque las palabras se las llevó el viento, se las llevó el Stan durante la anterior administración. Hacer que la gente vuelva al campo no va a ser fácil, pero por lo menos, si lo intentan habría allí la oportunidad de dar trabajo a muchos jóvenes que hoy en día se van y que lo peor es que muchos de ellos ya no regresan.
Y ahora con motivo de las campañas políticas, que se fije bien la gente qué candidato oferta trabajar para el campo o que el campo sea una prioridad en su agenda. En el municipio de Tapachula, son contados los que pueden ofertarlo, pero todavía menos quienes realmente puedan cumplirlo. Las cartas están en la mesa y lo bueno es que los electores ya los conocen muy bien. Rosalino_ortiz@hotmail.com
