Minifaldas

Arcadio Acevedo

1. Dedicatoria cordial
Al ciento volando, pues soy alérgico al pájaro en mano (especialmente si la mano es propia).

2. Echar montón
Vienen a mi memoria los gorilas que repelen con macanas el ataque de jóvenes armados con “pavorosas” banderas blancas e ideas democráticas. El domingo, a las 14 horas, sobrinos de Marco Antonio Álvarez, editor y periodista, fueron agredidos en la puerta de su casa por personas que portaban camisetas oficiales de campaña de Jaime Valls. Los vecinos detuvieron a uno de los agresores. Los otros pidieron refuerzos. En cuestión de minutos acudieron al rescate cerca de 10 patrullas municipales. Hay constancia de otra camioneta (Honda, placas DMZ 82-92) que anduvo merodeando el domicilio de Raúl Mendoza, camarógrafo, colaborador cercano de Bayardo Robles, mientras uno de los pasajeros tomaba fotografías. Intimidar era la intención, se infiere.

3. De acá pa’allá
La semana pasada, Sergio Sthal (Asunto político, Diario de Chiapas) me envió un email que reproduje. Refiriéndose a Jaime Valls, decía: “El pelonote cae mal no es tuxtleco, aunque diga que nació aquí, y a las pruebas me remito: si no es porque Juan lo trajo a Tuxtla, jamás ese pedante junior habría pisado suelo tuxtleco. Es más, ni siquiera conoce ya no digamos los problemas de la ciudad, sino la ciudad misma”.
Sergio, colega: Jaime sí es conejo. Tenía 3 ó 4 años cuando la familia Valls Esponda se trasladó al Defe buscando mejores perspectivas de vida. Pero sobre todo, en procura de atención especializada para una hija con problemas de salud, asegura un pariente del candidato. Le creo.
No indagué en el Registro Civil. Sé de las artimañas del sistema cuando decide salirse con la suya (siempre). Baste recordar el caso del Chocomilito Zebadúa, grosero ejemplo de lo que Lulú Tipacamú llama “Chiapanacos” (bichos en peligro de extensión, por desgracia).

4. Prefiero no especulear
Jaime no me cae mal, pese a su selectivo, paranoico y anodino sargento de prensa. No me consta que Jaime sea un junior pedante. Deducir que sin la invitación de Juan Sabines no hubiese vuelto Jaime a su tierra, es mera especulación. En esas honduras no incursiono. Creo, en cambio, que su falta de arraigo en la ciudad que aspira a gobernar entorpecería su labor. Los perjudicados seríamos todos.

5. Arraigo el que le obsequió Juan al Duende
Nacer en un sitio no depende de nuestra voluntad. Permanecer en él, sí. En mi chata opinión, salvo en los casos judiciales (o de vendettas polacas), el arraigo, la residencia prolongada, permite al individuo conocer al dedillo la urdimbre de la problemática del lugar. Propicia el roce social. La exposición de opiniones. El trueque de ideas. El sano hervor de las empatías y antipatías. De esta interacción, obvio, nace la confianza o la desconfianza del conglomerado humano en una persona. La credibilidad es el aceite que permite a la maquinaria rotar sin fractura de engranes.
Éste es el espíritu de las leyes estatales que obligan a un lapso mínimo de residencia a los aspirantes a determinados puestos de elección popular. Cambiar años de residencia por millares de carteles, camisetas, promesas, gorras, espectaculares o impactos publicitarios en los medios, no es sino una onerosa forma de patear la legalidad. No es más que una costosa modalidad de fingir demencia. Y de querer verle la cara de buey a los electores. Y de atizar más el fuego de la indignación.

6. Hasta yo que soy burro
Conocer la orografía de los haberes y deberes de la noble Tuchtlán, es relativamente fácil.
Pregúntenles a los ciudadanos. Declamar la lista de ellos en el transcurso de la campaña nada
cuesta. Pregúntenles a los candidatos.
Avanzar, más o menos, en la satisfacción de las carencias, es el reto. El arraigo, el tiempo de residencia con mente, ojos, oídos y voluntad atentos, hace menos escarpado el camino al presunto administrador. No es el caso de Jaime, por ahora.

7. Bueno, bueno, probando, probando
Al micrófono Perogrullo: A Jaime, funcionario de capacidad reconocida, Juan lo sacó a asolear a la plaza pública, al cuarto para las doce, por varias razones:
A) Desodorizarlo. Es decir, quitarle el tufo burocrático.
B) Broncearlo, a marchas forzadas, bajo el sol azteca para que no pareciera en los carteles un desvalido pollo desplumado. O, peor, cuachi sietemesino de la Quija Velasco (su invisible general de campaña).
C) Porque conviene a los intereses de Juan y del grupo que sostiene (aun tambaleante y todo) a Juan. Por eso, sin ningún pudor despojaron a Jaime de su mameluco revolucionario y le encasquetaron otro lleno de parches coloridos.
A ratos, creo que el primer sorprendido con la propuesta de ser acólito en la misa de tres padres, oficiada por Sabines Guerrero, fue el propio Valls. Sigue siendo Valls.

8. Restiramiento
Sergio: Reconozco mi incapacidad de síntesis. Habré de referirme también a tus opiniones sobre Bayardo Robles y César Serrano, pero mañana, por cuestión de espacio. Me volví a colgar.

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