¿Por qué la FIFA prohíbe llevarte los balones de los estadios?

Los balones oficiales de la Copa del Mundo han adquirido un protagonismo propio a lo largo del torneo. Además de ser el centro de la acción en el terreno de juego, también han llamado la atención por la tecnología que incorporan y por una curiosa práctica que despierta dudas entre los aficionados: ¿por qué deben ser devueltos de inmediato cuando salen del campo?
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Aunque se trata más de una inquietud que de una polémica, la respuesta está en el protocolo de la FIFA. Cada vez que un balón termina en las gradas, personal del partido permanece atento junto al terreno de juego para recuperarlo rápidamente, por lo que los espectadores que lo atrapan suelen devolverlo casi de inmediato.

Quienes tienen la fortuna de hacerse con uno aprovechan apenas unos segundos para tomarse una fotografía o una selfie antes de lanzarlo de vuelta. Y no es para menos: un balón utilizado en un partido del Mundial representa un recuerdo muy codiciado, especialmente para los aficionados que han invertido importantes sumas de dinero en viajar, hospedarse y conseguir entradas para presenciar el torneo desde las mejores localidades.

“Quiero decir, con la cantidad de dinero que gasté, definitivamente debería poder quedarme un balón de fútbol cuando lo atrapo en el estadio”, comentó el aficionado inglés Jack Goodwin. “Estaba ahorrando para una casa y me gasté todo el depósito trayéndonos a mí y a mi papá desde Londres”.
Diferencias en el beisbol y fútbol

Es una tradición para los aficionados a los deportes en Estados Unidos: atrapas una pelota de béisbol en un partido y tienes un recuerdo para toda la vida. Y mejor aún si es una pelota de un juego de postemporada o de un momento histórico para el bateador. En el fútbol, no tanto.

“No lo sabemos, y no nos importa”, manifestó un aficionado de Congo cuando le preguntaron si sabía por qué los aficionados no podían quedarse con un balón pateado a las gradas. “No vinimos aquí por un premio, vinimos aquí a ver a nuestro país”.

Los aficionados al béisbol se trepan unos sobre otros y saltan por encima de los asientos para atrapar las pelotas que les llegan. La mayoría de los aficionados al fútbol no tiene problema en devolver el balón.
La teoría del por qué

Llegar al “¿por qué?” de que la política de la FIFA sea tan rígida puede ser difícil. La FIFA no respondió a correos electrónicos en los que se solicitaban comentarios para esta historia. Sin embargo, las teorías van desde la tradición, pasando por preocupaciones económicas, hasta la tecnología del balón y el ritmo del juego.

“No creo que haya existido alguna vez una política que permita quedarse con el balón, que, a diferencia del béisbol, es un equipo bastante caro”, señaló el historiador del fútbol Charles Cutton. “En el pasado, no era inusual que hubiera un solo balón en un partido. Eso era todo. Si iba a las gradas, había que recuperarlo o devolverlo para que el juego pudiera continuar. Ahora los tienen ubicados por todo el campo”.

Los aficionados pueden comprar balones de la FIFA a vendedores autorizados o en puestos temporales por entre 60 y 180 dólares. No está claro cuánto paga el organismo rector del fútbol por los balones de día de partido, aunque parecería que, sea cual sea el costo, la FIFA podría permitirse tener algunos más a mano para garantizar que el encuentro no se interrumpa si uno sale disparado a las gradas y un aficionado decide quedárselo.

Pero mientras los aficionados de las Grandes Ligas de Béisbol finalmente ganaron el derecho a quedarse con las pelotas bateadas a las gradas, el fútbol se ha mantenido firme a lo largo de los años en sus expectativas. La evolución del propio balón solo ha reforzado el interés de la FIFA en recuperar cada uno.
Evolución de los balones

El balón del Mundial de este año, el Adidas Trionda, es el más sofisticado hasta la fecha. Quedaron atrás los días de los balones de cuero cosidos a mano, de 32 paneles.
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“Han evolucionado de ser materiales naturales como el cuero a ser ahora un material polimérico”, explicó el profesor Jud Ready, de Georgia Tech. “Eso se hace por un par de razones. Primero, el costo, pero también el rendimiento, porque el poliuretano no absorbe humedad como lo haría el cuero”.

El Trionda es un balón de poliuretano de cuatro paneles, prensado térmicamente, pero quizá la característica más definitoria está en el interior, donde un sensor de movimiento de 500 Hz envía datos en tiempo real al sistema del árbitro asistente de video para ayudar a los oficiales en decisiones, incluida la a menudo controvertida sanción de fuera de juego.

Los datos en tiempo real también llegan a los árbitros del partido para determinar si el balón ha cruzado la línea de gol.

“Los balones del Mundial tienen transmisores de radiofrecuencia en su interior para servir básicamente como un GPS, además de acelerómetros para entender cuánta fuerza se está aplicando al patearlo”, indicó Ready.

El colega de Ready, el profesor Manos Tentzeris, dijo que el sensor funciona con una precisión del 99,99%. Combinado con cámaras, puede identificar la ubicación exacta de cualquier cosa en el campo hasta la punta de un zapato, lo que puede bastar para determinar si un jugador está en fuera de juego.

Esa tecnología no es tan valiosa fuera del estadio. Ready señaló que el balón depende de la infraestructura del estadio para comunicarse con los oficiales, lo que hace que los componentes electrónicos sean prácticamente inutilizables fuera de una sede del Mundial. Además, los balones deben cargarse antes de un partido mediante un sistema sin cable similar al de cargar un reloj inteligente.

Como es un proceso tan complejo, parece poco probable que un balón de partido llegue a convertirse en un recuerdo para un aficionado, pero nunca digas nunca: algún día podría ocurrir.

 

Con información de EL INFORMADOR

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