Javier Corral Jurado
En la introducción sinfónica de sus Rimas, Gustavo Adolfo Becquer dice que en los oscuros rincones de su cerebro, “acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo”. El acto de escribir las ideas.
Acto maravilloso el del escritor, el novelista, el poeta, y también el del periodista. Reúno a esas vocaciones en la literatura, pero al periodismo lo separo del campo de la ficción, para concretarlo en el terreno de los hechos reales descritos, informados, analizados.
La columna, como género de ejercicio diario en el periodismo, conjuga cualidades de los dos mundos, porque no se puede escribir todos los días sin emoción por el mañana y sin el arte de la palabra. Muchos han querido incursionar en el campo, pero pocos logran mantenerse como referentes. Se requiere elegancia y honestidad; la primera, porque viste a los actos desnudos, y la segunda, porque al valorar los hechos traza el sentido de la ética con que se asume y practica la vida. De ahí que el escribir comprometa.
Como pocos, Miguel Ángel Granados Chapa responde a esa vocación informativa y analítica con rigor y empeño asombrosos desde la columna periodística, y en varios aspectos es excepcional su conducta. Entre ellos, la disciplina de su perseverancia y la consistencia de sus posturas. Este viernes 13 de julio, Plaza Pública cumple tres décadas de aparecer en diferentes medios del país y, difícilmente, ha dejado de publicarse en más de cuatro ocasiones. Son seis días de la semana, cumpliendo cabalmente en medio de vacaciones, viajes, días festivos y en el fragor de los días de la batalla. Hoy por hoy, la columna más antigua del país.
Pero también es la columna referente de muchos actores políticos y sociales, y no de pocos periodistas, articulistas y reporteros, que en Plaza Pública basan sus análisis, los enfoques de sus comentarios y siguen la pista de informaciones exclusivas que luego captura el reportaje amplio. Es una columna influyente, y su autor reconocido como uno de los hombres más informados del país. Estilo inconfundible, sin sobresaltos a la razón ni ocasión para el desahogo de fobias personales, es un espacio donde se puede aprender a leer y a escribir. Porque además del uso riguroso del lenguaje está su formación profesional, abogado y periodista, y su honestidad intelectual.
Granados Chapa escribe con las dos manos —a diferencia de muchos que lo hacen sólo con dos dedos de frente y aun en la computadora—; escribió su primera Plaza Pública en el periódico Cine Mundial, que por entonces tenía como principal accionista a Luis Javier Solana, cuando éste era en ese entonces, al mismo tiempo, director de EL UNIVERSAL. Salió con Julio Scherer de Excélsior el 8 de julio de 1976, tras el puñetazo de Luis Echeverría al diario, en el que coordinaba la sección de Opinión. Aunque el formato de revista “les quedara chico”, como anticipaban deseosos por la debacle los envidiosos y los cómplices del asalto, estos dos enormes periodistas y otros ex reporteros de Excélsior fundaron en octubre de 1976 Proceso, en la que Miguel Ángel ocupaba una de las dos direcciones que se establecieron para la producción periodística y la administración financiera; diseño imposible en el mundo de los grandes.
Grande resultó Proceso y no chica; pero la revista necesitaba un solo director. Granados Chapa dejó la dirección-gerencia de Proceso en mayo de 1977, y dos meses después emprendía la obra periodística que lo ha situado en el lugar en el que se encuentra.
De Cine Mundial, Plaza Pública pasó a Unomásuno, con Manuel Becerra Acosta, del que surgiría, de las entrañas de un conflicto, La Jornada, el 19 de septiembre de 1984. Fue uno de sus cinco fundadores junto con Carlos Payán, Humberto Mussachio, Carmen Lira y Héctor Aguilar Camín. Tras su oposición a que Payán ejerciera un tercer periodo como director de La Jornada, la columna se fue a El Financiero, al de Rogelio Cárdenas, y luego a Reforma.
Cuando Granados Chapa se equivoca lo reconoce, pide disculpas. Su Cajón de Sastre no sólo es el dato de última hora, la apostilla, la invitación a un evento, la efeméride o el obituario. Es un espacio para rectificar, y a veces su columna es un derecho de réplica.
Con Plaza Pública empezó también la idea de la sindicación de columnas, mecanismo para informar con autonomía y libertad frente a la censura oficial. De diciembre de 1978 a enero de 1979, tres columnistas decidieron por lo menos un mecanismo para exhibir cuando un diario central, de los de la ciudad de México, no publicara la columna que reproducían en más de 70 periódicos: José Luis Mejía, Manuel Buendía y Miguel Ángel Granados Chapa.
Son pioneros de la sindicación de columnas y artículos. Un paso importante para la libertad de expresión. Por todo ello, no sólo felicidades a Granados Chapa y a Plaza Pública, sino fundamentalmente muchas gracias.
Profesor de la FCPyS de la UNAM
