EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
Un chino-mexicano acusado de graves delitos pone de cabeza al gobierno dando un sesgo político a sus cargos. El Ejército Popular Revolucionario sabotea ductos de Pemex con explosivos potentes, como los utilizados por los terroristas en el atentado contra el edificio federal de Oklahoma y en una discoteca de Bali. En este contexto, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) se reporta rebasado, sus labores son asumidas por otras instancias, se le recorta el presupuesto y hasta se le desmantela parcialmente, lo que habla de una pobre situación de los servicios de inteligencia mexicanos. Se tiene que hacer algo.
Tiene razón el procurador Eduardo Medina Mora cuando aduce que no se puede prever dónde y cuándo ocurrirán los atentados o en qué momento un criminal está por inculpar al gobierno en una rebuscada historia. Sin embargo, es un hecho que Pemex había advertido que estaba siendo atacado y en las aduanas se supo con anticipación de los movimientos de Zhenli Ye Gon. El Cisen no sirvió para detener las bombas, reales y mediáticas, de ambos ilícitos.
Acaso dicho centro de inteligencia, dependiente de la Secretaría de Gobernación, se fue descomponiendo con el tiempo, tras años de desviar su misión de procurar seguridad nacional por la de hacer espionaje político, en lugar de servir al Estado para desarrollar estrategias que desactivaran legal e institucionalmente las amenazas contra el país.
Cierto, los servicios de inteligencia en el mundo no son infalibles. Son legendarias sus pifias. En Estados Unidos previeron un levantamiento popular generalizado contra Fidel Castro después de la invasión de Bahía de Cochinos, en 1961; no percibieron el inminente derrumbe del régimen comunista, ni los ataques del 11 de septiembre del 2001. Pero tienen un gran número de aciertos, que han impedido golpes de los terroristas en ese mismo país y en el Reino Unido.
Hay ahora sofisticados equipos de monitoreo y rastreo, además de las tradicionales infiltraciones en los grupos subversivos, sin llegar a la parodia de El hombre que fue Jueves, de Chesterton, en el que todos los anarquistas eran infiltrados.
El asunto es serio. El Cisen ha sido severamente criticado por su incapacidad para prevenir los ataques de las últimas semanas. Hay que aprovechar la coyuntura para hacer un examen a fondo de su situación para determinar si efectivamente cuenta con el personal, la capacitación y los recursos adecuados y suficientes para cumplir debidamente su tarea. Debemos fortalecerlo como un órgano de inteligencia del Estado —no gubernamental— científico, eficaz y plenamente respetuoso de los derechos humanos.
La dispersión de fuerzas de seguridad y de servicios de inteligencia, además de malgastar el trabajo y desaprovechar la información, deja el campo libre a criminales que viven de aprovecharse de la impunidad que les provee la falta de vigilancia.
El gobierno mexicano, cuyo deber es garantizar la seguridad nacional y del Estado, no puede dejar en la ciudadanía la sensación de vulnerabilidad que queda después de saber que el desorden y no la inteligencia reinan en las instancias que están diseñadas para protegernos.
