Macario Schettino
La semana pasada, los dos temas más comentados fueron los ataques a ductos de Pemex que se atribuyó el Ejército Popular Revolucionario y el asunto del señor Zhenli Ye Gon, llamado de manera despectiva (y me parece que insultante para muchos), “el chino”. Ninguno de estos temas es especial, comparando con otros países. En todos lados hay bandoleros, y en todos los países hay grupos pequeños que se han evadido de la realidad y que pretenden cambios violentos.
Lo interesante no es ni la guerrilla ni el narcotraficante, sino las respuestas que producen. El señor Ye Gon acusa de manera muy confusa a un funcionario federal, y de inmediato concita el apoyo de intelectuales, comunicadores y opinadores, por no mencionar a los políticos. Es más, hay quien, desde lo profundo del resentimiento, llega a decir que los ataques a Pemex son “cortinas de humo” del mismo gobierno para esconder el tema Zhenli Ye Gon. Por cierto, no todos los políticos han criticado claramente los atentados.
Esto es lo interesante: la rapidez con que la clase política, intelectual y mediática reaccionan para tomar lodo de donde se pueda y aventarlo al adversario. Ya usted conoce el famoso cuento de los cangrejos, aquellos de variedad mexicana que no necesitan tapa cuando se pescan, porque ninguno saldrá jamás de la canasta. Nada más lo intente, los demás lo jalarán al fondo. Sin generalizar, que no es bueno, creo que tenemos un problema muy serio en los grupos dirigentes del país, en el área que usted guste. A las mencionadas, súmele empresarios, obreros, o lo que quiera. En cada uno de estos grupos, y entre ellos, no hay una idea común de qué hacer con el país, porque no hay una concepción común de lo que hoy ocurre.
Todos queremos un país mejor, pero no sabemos cómo lograrlo, porque no estamos de acuerdo en el punto de partida: en el diagnóstico. Acostumbro insistir en esto: no hay manera de resolver problemas que no se plantean correctamente, y eso es lo que nos pasa a nosotros. Así, al no tener un diagnóstico común, un referente compartido, lo que hacemos es reaccionar a bote pronto en cada fenómeno, intentando dañar al adversario y con eso quedar mejor colocado. ¿Para qué? Nadie lo sabe, porque no hemos podido definir hacia dónde queremos ir.
Las naciones tienen desempeños consistentes, buenos o malos, cuando hay una idea común en su interior. Los países de Europa Occidental llevan más de medio siglo con una idea común, aunque con discrepancias entre partidos políticos, que les ha permitido construir sociedades razonablemente competitivas y muy igualitarias. Algo similar ocurre en Chile, en donde hay un acuerdo básico entre moderados, de izquierda y derecha, que va dando muy buenos dividendos a la sociedad. Los países comunistas, durante el siglo XX, tuvieron también una idea común en su interior, impuesta por la fuerza y el adoctrinamiento, que resultó un fracaso.
México tuvo también una idea común, también impuesta por la fuerza y el adoctrinamiento, más o menos en las mismas fechas que en los países comunistas. No fue tan mala nuestra experiencia, pero tampoco resultó muy exitosa. A pesar de la insistencia de los propagandistas de aquel régimen, no crecimos de manera muy diferente a otros países latinoamericanos, ni económicamente ni en ninguna variable social.
Sin embargo, por las características de ese viejo régimen, a 10 años de haber iniciado el cambio político, la transformación mental no llega aún. Una cantidad considerable de mexicanos sigue pensando en términos de ese viejo régimen, y sigue creyendo que debemos regresar a él. Este grupo está notoriamente sobrerrepresentado entre intelectuales y comunicadores, por cierto. Razones de sesgo de selección y de edad, principalmente.
Casi por terminar la primera década del siglo XXI, muy cerca ya de festejar nuestros centenarios, no podemos aún tener una idea común, un diagnóstico compartido del país y de sus fortalezas y puntos débiles. Por ello, no podemos jalar parejo en ninguna dirección. Los políticos son capaces de usar cualquier basura para enfrentarse entre sí; los empresarios, de usar cualquier excusa para no pagar impuestos; los opinadores, de tragar cualquier sapo con tal de no reconocer un error. Insisto, nuestro problema es mental.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
