Para destrabar la política

Amalia D. García Medina

La pluralidad es una característica de las democracias. Sin duda es deseable porque expresa la riqueza cultural y social de una nación, y México es un país con una gran diversidad. Sin embargo, en la transición política no hemos creado los mecanismos para que la pluralidad abone a la consolidación democrática.
Me refiero a la reforma del Estado, porque a más de siete años de la transición no hemos acordado aún un conjunto de reglas que reflejen la nueva realidad política que tenemos, muy lejana a aquella de unanimidades forzadas que le dio vida al viejo régimen.

Esta ausencia fundamental nos lleva a vivir sobresaltos continuos en el entorno político. Y podríamos continuar así, a menos de que se realice el gran pacto incluyente que se requiere con urgencia. Esta es una convicción que sostengo no de ahora, sino desde hace años, desde el momento en que se dio la alternancia. Entonces, como presidenta del PRD hice un llamado para establecer un gran acuerdo nacional que nos permitiera abordar la nueva realidad democrática con un andamiaje institucional moderno y adecuado, que invitara a la participación social, que involucrara a todas y a todos, porque esa es la democracia a la que aspiramos.

En la reciente visita que el presidente Calderón hizo a Zacatecas le expresé con civilidad este punto de vista que sostengo como mexicana, como servidora pública, y ahora como gobernadora constitucional del estado para ir a ese gran acuerdo nacional que destrabe la política y acabe con la polarización poniendo por encima el interés de la gran mayoría de los mexicanos y mexicanas que exigen acciones de justicia social inmediatas, desarrollo equitativo y respeto al patrimonio que nos es común.

El Ejecutivo federal tiene la capacidad para que las diferencias que tenemos se encaucen de manera pacífica en un clima de respeto a la diversidad, en un clima de democracia y con resultados que a todos y todas nos beneficien.

La consolidación de la democracia no se logrará con la voluntad de una fuerza política o con dos; es indispensable la convergencia de todos los actores incluyendo a la sociedad civil, a los académicos, a los artistas, a los sindicatos; es decir, al gran mosaico que conformamos la sociedad mexicana. Es complejo pero también es indispensable para asentar bases firmes para un nuevo régimen. Aquella política que se resumía en la desafortunada frase de “ni los veo ni los oigo” no debe repetirse más porque trajo costos elevados al país.

Por eso, hoy reitero la necesidad de acabar con la crispación que conduce a la intolerancia, abriendo todos los espacios para el debate, aunque sean éstos exhaustivos y tomen sesiones prolongadas de diálogo y contrastes que, por lo demás, es lo común en las sociedades de gran tradición democrática. Todas las voces deben encontrar medios para su expresión y deben ser tomadas en cuenta en el diseño de las políticas públicas.

Soy una mujer de izquierda, lo he sido toda mi vida y junto a miles de mexicanos he luchado por el derecho para que todos puedan participar y expresarse con libertad. Estoy convencida de que, sin renunciar a nuestra propia convicción y puntos de vista, podemos encontrarnos en un marco de respeto, las y los mexicanos todos. Está demostrado que para garantizar gobernabilidad democrática lo mejor es un país incluyente en su diversidad y en su pluralidad política, donde las exclusiones, de cualquier tipo, sean un aspecto superado.

Estoy segura de que la diversidad es un perfecto punto de encuentro desde el cual podemos construir un mejor país. Ojalá que una opción de esa naturaleza se fortalezca en las semanas que vienen, por el bien de México.

Gobernadora de Zacatecas

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