Jorge Chabat
Para buena parte de los analistas y de los medios de comunicación el Partido de Acción Nacional representa la derecha política, en tanto que el Partido de la Revolución Democrática es la izquierda. Para algunos incluso el PRI y los partidos “bonsái” aliados al tricolor forman junto con el PAN un bloque gigantesco de derecha que constituye un “peligro para el país”, como dijera recientemente López Obrador. Sin embargo, si uno revisa los postulados ideológicos de los diferentes partidos, la clasificación izquierda-derecha comienza a perder sentido.
Y si se analizan políticas concretas de los partidos en el poder, esta clasificación también presenta problemas. Por ejemplo, a pesar de las acusaciones al PAN de ser un partido de “derecha”, la política de salud seguida por el gobierno de Fox difícilmente podría ser calificada como tal.
Aun así, hay una parte de la población mexicana que todavía vota por etiquetas ideológicas. Es común escuchar a ciudadanos que afirman que nunca votarían por el PRD porque es de “izquierda” y a otros que dicen que nunca votarían por el PAN porque es de “derecha”. Sobra decir que este sesgo electoral basado en clichés ideológicos favorece gobiernos irresponsables. Si hay un voto duro por un partido, independientemente de su desempeño, dicho partido tendrá incentivos para comportarse de manera ineficiente.
Sin embargo, el voto ideológico existe en todo el mundo y no va a desaparecer. Es por ello que los partidos políticos en México y en el mundo buscan acercarse al centro, a fin de captar un amplio espectro de votos ideológicos. Claro, hay excepciones. Hay partidos que se enorgullecen de ser radicales de izquierda o de derecha, lo cual al final se refleja en votaciones bajas. De hecho, los sectores radicales de cualquier partido suelen ser un lastre que ahuyenta el voto de los moderados.
En este contexto, cabe preguntarse si los principales partidos mexicanos serán capaces de ubicarse en el centro para aspirar incluso a ganar la mayoría absoluta de los votos o seguirán instalados en la “pureza ideológica” esperando mover a los votantes a sus posiciones. Y en este punto la respuesta no es muy clara. El PRD parece decidido a mantener una identidad radical por encima de su efectividad electoral. Ese parece haber sido el resultado de su último congreso. Habrá que ver si esta convicción ideológica se mantiene si los resultados electorales le son desfavorables en el futuro.
Esta pregunta tiene una respuesta menos clara en el PAN. Si bien los sectores más conservadores han tenido una gran visibilidad en ese partido en los últimos años, e incluso se apoderaron de la dirección del partido desde el gobierno de Fox, existen sectores moderados que parecen haberse fortalecido con la llegada a la Presidencia de Calderón.
Es probable que la fuerza de los moderados se acreciente si hay un cambio en la dirigencia panista el próximo año. Sin embargo, es también probable que en este movimiento hacia el centro el PAN tenga una ayuda inesperada. Desde hace unas semanas se especula sobre la creación de un nuevo partido surgido del Movimiento de Participación Solidaria de tinte sinarquista y probablemente con la participación de algunos panistas ultraconservadores.
En la creación del nuevo partido se ha vinculado a algunas figuras del PAN, aunque tal vínculo ha sido desmentido. Pero más allá de que connotados miembros panistas se vayan o no a la nueva fuerza política, la creación de un partido que llene sin tapujos el espacio de la ultraderecha es lo mejor que le podría pasar al PAN. Es realmente una oportunidad de oro para que el blanquiazul se mueva al centro y atraiga incluso a votantes liberales. Dicha oportunidad se acrecienta en un contexto caracterizado por la renuncia abierta del PRD a ocupar el centro del espectro ideológico y la búsqueda desesperada del PRI de una ideología que le permita cambiar la imagen de corrupción que lo abruma.
Seguramente persistirán en el PAN grupos que quieran que su partido sea el abanderado de las causas ultraconservadoras. La próxima dirigencia panista tendrá que lidiar con ese dilema. Asimismo, la gestión de Calderón podrá ayudar a definir el perfil ideológico del PAN. Si esta gestión se caracteriza por la moderación y por evitar confrontaciones ideológicas, el PAN puede consolidarse como la primera fuerza política del país. Si ello no ocurre, el blanquiazul seguirá siendo un partido moviéndose en el borde de la mayoría necesaria para ganar.
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
