Palestra

Rodrigo Ramón Aquino

Alerta de género, no le saquen

Estos días tuve la oportunidad de conocer a la persona responsable de activar a las ya famosas Alerta Amber (de 37 alertas activadas desde su puesta en marcha en Chiapas en 2012, 33 han sido resueltas satisfactoriamente), lo que pronto me llevó a preguntar por qué no se emiten constantemente otras alertas, como, por ejemplo, la de género, que, además, ha sido demanda contante de activistas y ongs. La respuesta es simple: se ha politizado.
Recién leo la nota en Milenio de mi colega Hermes Chávez sobre que la negativa de gobierno de declarar una alerta de género en Chiapas, hizo que la asociación civil Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas la proclamara de manera permanente ante el aumento de impunidad y violencia con la que se comenten feminicidios en la entidad.
De acuerdo a Alma Padilla, directora de la asociación civil en mención, en 2013 se registraron 84 casos de mujeres asesinadas en la entidad y su declaración, necesariamente simbólica, obedece a la negativa oficial de declarar la alerta de género (medida de emergencia prevista en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, emitida en 2007).
Esta reciente nota me recordó al artículo en El Universal de la ex candidata presidencial Patricia Mercado, donde les dice a los gobernadores que emitir una alerta de género no es conceder que su gestión se ha equivocado. Es más, es una oportunidad de atender mediante la coordinación y con recursos económicos y técnicos disponibles un problema del que no se puede negar su existencia.
Para los efectos, el órgano colegiado encargado de emitir la alerta de género en el país es el Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, cuyo titular es nada menos y nada más que Miguel Ángel Osorio Chong, secretario general de Gobierno de la República. La demanda politizada de la alerta ha llevado a concluir que la reglamentación para garantizar el Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia ha superado a la propia ley. La razón es simple: en el juego político se vive la posibilidad de la alerta como una invasión del gobierno federal a las competencias de los gobernadores.
Pero nada más equivocado. Mercado detalla que “la alerta de género fue legislada en su momento y votada de manera unánime por el Congreso; sin embargo, hasta ahora sólo ha confrontado a gobiernos, al movimiento de mujeres con los gobiernos, a éstos con el movimiento de mujeres y el resultado es que no se ha podido disminuir el lacerante problema de los asesinatos de mujeres por causas de género”.
Coincido y sostengo que los gobernadores no tendrían por qué temer a la alerta de género y sí aprovechar la oportunidad para crear programas eficaces para atender, prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.
El joven gobierno de Manuel Velasco Coello debe tener en claro que la declaratoria de alerta de género no criticaría a su gestión. No establece que tenga responsabilidad directa en un problema estructural de la relación entre hombres y mujeres, una relación viciada desde hace siglos, y que afecta todo ámbito, desde lo familiar a lo político.
Fiel a su discurso de campaña, Velasco Coello debe ver en la alerta de género una oportunidad y no una amenaza. Apelando a las palabras de Mercado: “Cuando se identifican claramente los espacios territoriales donde la violencia contra las mujeres es grave, se tiene la oportunidad de poner en práctica acciones efectivas para combatirla. Es un instrumento de coordinación gubernamental que prevé recursos para diagnosticar, primero, y para encontrar, después, los caminos para erradicar, territorio por territorio, la violencia feminicida”.
El gobernador de Chiapas debe hacer suya esta bandera.

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