PADRE – HIJO

Augusto Solórzano López /ASICh

Vino, llegó y pasó el Día del Padre. Rescató la esencia del respeto y verdadero amor hacia el ser que aunado a la madre hacen posible la consagración de la familia que, significa el beso de Dios con la tierra. Lo demás es consumismo puro.
Sin embargo, la mercadotecnia nos arrastra y no pocos fueron los casos en que dejaron en las tiendas mucho de lo que a lo mejor no tienen. Sin embargo, es parte del espectáculo. Quizá lo trascendente es unirse en familia y disfrutar de un platillo por humilde que sea.
Los estímulos de vida convertidos en presentes materiales son buenos. Lo principal es que sirven para renovar el abrazo más limpio y solidario que pueda tener un hijo. Fuera de ese abrazo, es muy difícil confiar en otros. Por muy bien intencionados que parezcan.
El enlace de las manos y finalmente el caluroso abrazo con la expresión que quieran es un sello que muchos quisiéramos todos los días, pero que lamentablemente llega muy asilado o en definitiva cada año.
Este apretado ensanchamiento es fuente de vida para todos. Es de ida y de regreso; de los hijos a papá (el tercer domingo de junio) y de papá a los hijos (todos los días), eje principal de los valores supremos de familia y punto de partida de la patria.
Qué sencillo, pero qué difícil y de allí parte prácticamente todo. Nacer, crecer, reproducirse y morir. Solo. Los que ya somos, lo sabemos y los que no lo son todavía, deben aprenderlo y tomarlo en cuenta desde ahora, como hijas, como hijos.
No son pocas las ocasiones y en eso vamos a estar de acuerdo todos; de todas las razas, religiones y condiciones económicas, particularmente las más pobres. Cambiaríamos todo por recibir el calor de un hijo y saber que está bien y está vivo.
Hoy, desde la esquina del “día del padre” cuantos miles de hijos ya no están porque los mataron sean criminales o policías, políticos o periodistas, inocentes o culpables. Cuántas cruces dicen hijo y cuántas otras dicen papá.
Cuántos padres están añorando a sus hijos y padres a la vez, porque están encarcelados como producto no de la justicia, sino, de la injusticia fatal y vengativa o simplemente encarcelados, pero que finalmente no están como quisiera papá.
Cuántos hijos más seguirán cayendo en las manos sin piedad de los criminales y de la delincuencia común o al revés por las fuerzas públicas federales y de los estados como de hecho, viene ocurriendo desde hace casi cinco años y la acumulación de muertos no parece terminar.
Cuántos más han emigrado y jamás han regresado. Que no se sabe de ellos y lo peor; que a papá y a la familia únicamente le lleguen noticias que su hijo murió, pero, que jamás le verán.
Cuántos hijos de todos los colores y de todas las edades, cuántos más se mueren y se morirán por la infame pobreza y la falta de oportunidades; en donde estamos enlistados muchos más de lo que creen los gobiernos, que no saben o que saben pero ignoran. ¡Cuántos!
Por todo eso y mucho más; ayer domingo y hoy lunes y mañana y siempre, cambio todo por tener a los de ustedes y a las y los míos, (sin distingo alguno; grandes o pequeños, altos o bajos, flacos o gordos, bonitos o feos, etc.) ¡Conmigo! ASICh

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