Pacto fiscal

Ramón Cota meza

El gobierno necesita el dinero de los otros, pero le indigna o se siente incapaz de recaudarlo. Desde mediados de los 80 ha sido eficaz para reducir el déficit fiscal mediante venta de activos y recortes al gasto público, pero la recaudación ha aumentado a cuentagotas. Ahora que ya no tiene activos qué ofrecer, ni margen para más recortes al gasto, inventa un mecanismo neutral en teoría, la CETU, que en la práctica disminuiría el empleo y complicaría la declaración fiscal.
Ninguna iniciativa fiscal había provocado tanto repudio en los causantes empresarios. De hecho, ninguno la encuentra conveniente. Puede decirse que nació muerta, lo cual podría hundir al gobierno, de no ser por la buena voluntad de la ciudadanía, que no desea verlo fracasar para no fortalecer a los demagogos. Así las cosas, sería mejor tener un aumento moderado al IVA en alimentos y medicinas en vez de la CETU a cambio de un compromiso del gobierno para reducir el gasto corriente.

Hasta hace poco, algunos proponían aplicar el IVA a alimentos y medicinas como vía expedita para fortalecer las finanzas públicas. Pero en vista de que el formidable aumento de los ingresos públicos por venta de petróleo terminó engordando el gasto corriente del gobierno, ya no confían en que un aumento del ingreso fiscal se vaya a traducir en gasto productivo. La burocracia termina engullendo casi todo lo que pasa por sus manos.

El previsible fracaso de la CETU actualiza la necesidad de implementar el IVA en alimentos y medicinas, pero en una nueva perspectiva. Para obtenerlo, el gobierno tendría que comprometerse a reducir el gasto corriente en cantidades proporcionales a lo que recaudaría por los nuevos renglones de IVA. No me pregunten cuánto porque no sé. Lo importante es el mecanismo: a un ingreso “X” por IVA en alimentos y medicinas, el gobierno comprometería “Y” en reducción del gasto corriente.

Sería un mecanismo interactivo con los causantes. Éstos aceptarían pagar, digamos, 5% más por alimentos y 10% más por medicinas, siempre y cuando el gobierno se comprometiera a reducir gradualmente el gasto corriente en “X” porcentaje en los próximos cinco años. Los resultados serían revisados cada año de acuerdo con la ley de transparencia de la información pública. Si el gobierno no lo ha hecho es porque no tiene confianza en sus propias filas.

La iniciativa de la CETU refleja que el gobierno no tiene margen para aumentar la recaudación aumentando los impuestos. Como no quiere aumentarlos por razones políticas, complica la declaración del ISR sin garantía de que la recaudación vaya a aumentar. Sería un mal negocio para causantes y gobierno. Si el gobierno es incapaz de aumentar la recaudación con sus propios instrumentos de fiscalización, hay que regresar al IVA condicionado al desempeño del gobierno.

Debería estar claro que la época en que una élite dictaba la política fiscal ya feneció. Discutir si esa élite es correcta o incorrecta o si su diagnóstico es adecuado o inadecuado sería incurrir en platonismo. El punto es que el ingreso que el gobierno demanda sólo puede ser obtenido por vía del consenso, y ese consenso sólo puede venir de un compromiso suyo para reducir su propio costo. Si el gobierno es incapaz de reducir la carga que él mismo representa para los causantes, el desafecto de ciertas capas sociales podría desembocar en algo más grave.

Ya tuvimos el fracaso o la apatía de Fox en la materia y hasta ahora no hemos visto claro si el gobierno de Calderón se propone hacer algo serio al respecto. Es escandaloso que todos los órdenes de gobierno y poderes del Estado sigan exigiendo más presupuesto sin que ninguno de ellos se proponga reducir gastos inútiles, duplicidades y desviaciones, o recaudar los impuestos que les corresponden, como el impuesto predial municipal.

Por desgracia, muchos panistas interpretan sus puestos de gobierno como premio a su larga o breve oposición. Haber llegado al gobierno es para ellos la realización de un sueño, no la prueba de su responsabilidad histórica. Los problemas que enfrentan no les quitan el sueño. A lo sumo desodorizan su conciencia en el confesionario. La expresión “responsabilidad histórica” les es extraña, así que no pueden tener estadistas, cuando mucho políticos agobiados.

blascota@prodigy.net.mx

Analista político

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