Alberto Aziz Nassif
Figura emblemática del sindica-lismo corporativo, ave de tempestades del viejo PRI, cabeza del partido Nueva Alianza, peso completo en la movilización electoral del magisterio y, por supuesto, aliada estratégica del actual gobierno panista. Todo ello representa la líder vitalicia del magisterio, la maestra Elba Esther Gordillo.
Vaya si Gordillo ha sabido sacarle jugo a sus múltiples posiciones de poder. En una entrevista desde la isla Coronado, en San Diego, California, se da el lujo de posar frente al mar y marcar su jerarquía política. Puede decir que Calderón era la mejor opción y criticar que no tenga un gabinete plural; puede distanciarse de López Obrador y señalar que es autoritario; pero el mensaje fuerte, contundente, la descalificación completa es para la actual secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota: “No sabe nada del tema” (entrevista de Raymundo Riva Palacio, EL UNIVERSAL, 23/VII/2007). Se ha llegado a una crisis que ya se había anunciado. Con esta abierta descalificación pública, Gordillo se arriesga y mueve una pieza importante de su ajedrez.
¿Qué más quiere Gordillo? Ya tiene el control del ISSSTE, de la Lotería Nacional, de la Coordinación de Seguridad Pública y la joya de la corona: el control de la Educación Básica en la SEP a través de su yerno, Fernando González Sánchez. En la columna Bajo Reserva se afirma que la tensión interna en la SEP crece día con día, al grado de que ya se ha pedido la remoción del yerno incómodo. Ante este panorama es probable que la maestra, por lo pronto, sólo quiera mantener sus posiciones y, desde luego, la que tienen en la SEP, que es la más importante.
Durante la crisis postelectoral de 2006 se hicieron públicas algunas grabaciones que sostuvo la maestra con algunos gobernadores del PRI, en las cuales expresa la supuesta movilización del magisterio en favor del entonces candidato Felipe Calderón. La alianza fue abierta, la maestra fue la primera en llamarle públicamente “presidente”. Los puestos en el gabinete calderonista son una expresión del pago que hizo el panismo a los servicios de una alianza electoral que, quizá, fue definitiva para la ventaja panista.
Cada vez que hay una evaluación sobre la educación básica en México, los resultados ubican al país en una mala posición y las miradas se enfocan hacia el sindicato. La lógica corporativa y la lógica de la calidad de la educación hacen cortocircuito, por más que los spots del sindicato nos quieran vender la idea de que ellos son un factor clave para cambiar la política educativa en el país. Los resolutivos del cuarto Congreso Nacional de Educación se transformaron en una onerosa campaña de medios en la que se escucha la voz de la maestra como vocera de las propuestas. Durante décadas el régimen priísta cedió al sindicato espacios en el aparato educativo del país a cambio de apoyos políticos. Los primeros gobiernos de alternancia en los estados se encontraron con un sindicalismo magisterial que había traspasado las fronteras, se había convertido en juez y parte, en sindicato y patrón, porque los gobiernos priístas cedieron poco a poco la plaza. Era difícil imaginar que un gobierno panista llevara las cosas al extremo: dejar en manos del sindicato la educación básica del país, como lo hizo Calderón. Ahora sí que se han borrado por completo las fronteras.
El error estuvo en calcular que una vez que el PRI dejara la Presidencia, la democracia mexicana se podría construir desde un lugar diferente al corporativismo. Fue un cálculo completamente equivocado. Desde el sexenio foxista se reforzaron los privilegios para el sindicalismo corporativo, se engrosaron los recursos para dirigencias que son el emblema del viejo régimen: corrupción y oscurantismo. Si con el PRI había ciertos mecanismos de control por la estructura del partido y por la autoridad del Presidente de la República sobre el aparato corporativo, con el panismo se han perdido por completo, y en lugar de que se hubiera terminado con esas relaciones de privilegio, se han reforzado al grado de entregar la parte más importante de la educación básica del país a los intereses corporativos del sindicato magisterial.
En plena época de transparencia, el sindicalismo corporativo es el extremo más opaco. En una democracia como la que se supone que tiene el país —plagada de deficiencias y fuertemente cuestionada— se declaran los liderazgos vitalicios que deberían corresponder a la lógica de una dictadura.
En lugar de desmontar al viejo régimen corporativo, los nuevos gobiernos panistas lo han reforzado. La maestra vive en el mejor de los mundos, ha pasado de ser cola de león a ser cabeza de ratón: tiene derechos adquiridos con el gobierno actual; ha colocado a múltiples piezas en puestos clave de la administración pública; con el partido Nueva Alianza se ha convertido en una mancuerna importante para definir elecciones federales y locales, en algunos estados va en alianza con el PAN (Yucatán y Baja California) y en otros con el PRI (Chihuahua).
A diferencia de su anterior posición, cuando tenía que tratar con los gobiernos del PRI, necesitaba negociar con las autoridades de su partido, con el secretario de Educación en turno —al que nunca se atrevió a descalificar abiertamente como lo hizo ahora—, y cuando era necesario negociaba con el Presidente de la República; ahora simplemente ella manda con autosuficiencia. El pragmatismo del poder que controla la maestra contrasta con las tácticas que usan sus antagonistas directos, las secciones independientes del sindicato que no se someten a la autoridad de Gordillo.
Cuando se tienen importantes posiciones de gobierno la negociación se hace en pequeñas salas, con los actores que toman decisiones. Tal vez por ello la maestra critica a López Obrador y dice que en lugar de aceptar su derrota y negociar una agenda social, prefirió tomar la calle. Gordillo no va a tomar la calle, aunque no se descarta que pueda llegar a mover a sus bases para lograr algún objetivo.
Si Elba Esther ha decidido salir a la descalificación pública de Vázquez Mota es que la pugna interna está a todo lo que da. ¿Cómo va a administrar la crisis Calderón? Habrá que esperar las reacciones y, por supuesto, las negociaciones…
Investigador del CIESAS
