Rubén Aguilar Valenzuela
El PAN está ante una oportunidad única. Un grupo de panistas y sinarquistas se han aliado para constituir un partido ultraderechista. Si cumplen con los requisitos que establece la ley electoral, que son muchos, será aprobado por el IFE y estará participando en las elecciones legislativas de 2009.
La sola existencia de un partido de la ultraderecha en el espectro político del país sitúa al PAN en otra posición. Esto de por sí le beneficia, pero si además aprovecha esta circunstancia para caminar todavía más hacia el centro, es mucho lo que gana.
La ley electoral establece que para constituirse en partido político se requiere ser antes una Agrupación Política Nacional (APN). La Unión Nacional Sinarquista (UNS) ha puesto a disposición de los promotores del nuevo partido el registro de su APN, el Movimiento de Participación Solidaria (MPS).
Los sinarquistas, desde su fundación en 1937, han tenido tres partidos: el Partido Fuerza Popular (PFP), el Partido Demócrata Mexicano (PDM), que participa en las elecciones presidenciales de 1982, 1988 y 1994, y el Partido Alianza Social, que en 2000 se alió al frente que impulsó la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas.
La constitución del Partido Humanista, que es el nombre que tendría el nuevo partido, no se ve fácil, pero tampoco imposible. Los sinarquistas saben cómo hacerlo. Es cierto que la realidad del país es distinta y que la ciudadanía se aleja cada vez más de todo tipo de posiciones extremistas y privilegia las propias del centro. Es algo que ocurre en todo el mundo.
Los panistas que promueven el nuevo partido son: René Bolio, Fernando Montes de Oca y Fernando Barrera Barroso. De los sinarquistas están: Enrique Pérez Luján, Magdaleno Yánez y Víctor Atilano. Ahora están dedicados a organizar las 32 asambleas estatales que les exige la ley. El 11 de agosto fue la del Distrito Federal y vino después la del estado de México, que resultó un fracaso.
En el caso de que el Partido Humanista logre su registro no va a tener ninguna posibilidad de influir en la vida del país. En la realidad del México de hoy será, en el mejor de los casos, una fuerza marginal no mayor a la que requiere para mantener su registro. Será sólo una fuerza simbólica de un sector de la población, absolutamente minoritario, que ante los cambios culturales que tienen lugar en el mundo y en el país se niegan a aceptarlos. Es una actitud de defensa, pero que no tiene propuesta.
La fundación del nuevo partido adquiere sentido sólo en la medida que el PAN, esta sí una fuerza relevante, aproveche esta circunstancia, que será sólo coyuntural, para hacer los cambios que le exige la nueva realidad política y cultural del país. Es el momento de transitar definitivamente al centro. Le conviene por sí mismo, pero todavía más cuando un sector importante del PRD, habrá que ver su verdadera dimensión, en contra de lo que pasa en el mundo se aferra a posiciones extremistas que la mayoría de la ciudadanía rechaza.
La historia demuestra que los extremos siempre se juntan y terminan por ser lo mismo. Cambian los discursos, pero no el contenido caracterizado por la cerrazón y la intolerancia.
ruben.aguilarv@gmail.com
Profesor de la Universidad Iberoamericana
