Jorge Luis Sierra
Se han cumplido ya seis meses de una nueva fase en el uso intensivo de las Fuerzas Armadas en la lucha contra las drogas. Las operaciones militares en este periodo han sido notorias y algunas hasta espectaculares, pero su eficacia y resultados están aún por demostrarse.
Una primera evaluación del desempeño militar tendría que ver con la cantidad de droga confiscada y erradicada por el Ejército y la correlación de esos datos con el número de efectivos militares movilizados en las operaciones antidrogas, los recursos materiales aplicados y el monto del presupuesto ejercido.
Documentos públicos existentes como el Presupuesto anual, el informe de la cuenta de la hacienda pública federal, así como el informe anual de labores permitirían comenzar el análisis y arrojar algunas nociones sobre la efectividad de la campaña militar que ordenó el presidente Ernesto Zedillo y continuaron Vicente Fox y Felipe Calderón.
Según el Informe de Labores 2006 de la Secretaría de la Defensa Nacional, el último emitido en la administración de Vicente Fox, el Ejército decomisó 7.4 toneladas de cocaína, 31% del total decomisado por las autoridades en territorio mexicano. Esto supone que la Agencia Federal de Investigación, la Procuraduría General de la República y la Policía Federal Preventiva decomisaron juntos 69% del total de cocaína en el periodo, es decir, unas 23.8 toneladas.
La cantidad total asegurada es importante. Sin embargo, no rebasa al promedio anual de 10% de toda la cocaína que pasa cada año por la frontera de México con Estados Unidos. Según cifras del Departamento de Estado, unas 240 toneladas de cocaína pasan cada año por México. Comparado con ese total, el uso de la fuerza militar habría tenido una efectividad apenas superior a 3%.
Ese magro desempeño también es evidente en relación con la heroína confiscada. En 2006, el Ejército aseguró por tierra y aire un total de 90 kilogramos de heroína. Aunque dispersa y atomizada, la capacidad de producción de los narcotraficantes mexicanos es importante y se han llegado a producir hasta cinco toneladas anuales de heroína, la mitad del consumo anual del mercado estadounidense. Si la producción de heroína se mantiene estable, la efectividad militar podría representar 1.8% o menos.
Al igual que el presidente Felipe Calderón, Fox también empezó su sexenio con un uso intensivo de las Fuerzas Armadas. En 2001, la participación de las Fuerzas Armadas en el aseguramiento nacional de cocaína alcanzó 78.2%, pero ese porcentaje no pudo mantenerse igual a lo largo del sexenio. En 2006, esa participación bajó a 30%.
Esta aparente caída tendría otra explicación que ahora se comenta entre los mandos militares: en el último año de su sexenio, el presidente Fox habría ordenado al Ejército frenar las operaciones contra el narcotráfico mientras durara el proceso electoral, aparentemente con la esperanza de disminuir la ola de violencia relacionada con el narcotráfico que azotaba al país.
Sin entender la importancia política de esa orden presidencial, Estados Unidos no tardaría en protestar por la aparente inacción del gobierno saliente y comenzaría a presionar al entrante. Al comenzar su administración, el presidente Calderón tomó el primer paso para sacudirse esa presión y atendió a los reclamos estadounidenses de extraditar a varios narcotraficantes connotados.
Calderón aumentó después de manera extraordinaria los operativos del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de México. Apenas han transcurrido seis meses y quizá sería temprano para hacer una evaluación cabal de esta política, pero habría que señalar algunas tendencias que han predominado desde 1997 cuando los militares entraron de lleno al combate a las drogas.
Primero, ha aumentado la actividad militar, pero al mismo tiempo ha bajado el número de toneladas de cocaína y heroína confiscadas. Un aumento en el empleo de la fuerza militar no parece mellar más la actividad del narcotráfico y no implicaría necesariamente un incremento en el monto de la droga asegurada.
Segundo, a pesar de tener menos recursos humanos y materiales, menos presupuesto, así como supuestamente más corrupción entre sus filas, los miembros de la Agencia Federal de Investigación y la Policía Federal Preventiva están decomisando más cantidad de drogas que los elementos militares. Es posible que con la unificación del mando de las policías federales se incremente su efectividad. Si el desempeño de la AFI y la PFP es más alto que el de la Sedena, ¿en dónde está el fundamento y la justificación para emplear a más militares y gastar más sus recursos, de por sí escasos?
Tercero, en el último año, la interceptación aérea de cocaína fue cuatro veces mayor a la interceptación terrestre. Si esto es una tendencia consolidada, entonces podría pensarse en la necesidad de una reasignación de los recursos que privilegie la acción de la Fuerza Aérea y de la Armada de México sobre la terrestre para disminuir con más efectividad la entrada de la droga ilegal a territorio mexicano. Los recursos sobrantes podrían aplicarse al presupuesto de la AFI, la PGR y la PFP que por ahora están demostrando mayor efectividad que el Ejército en el aseguramiento de drogas.
jlsierra@hotmail.com
Especialista en temas de seguridad y fuerzas armadas
